Tres personas sentadas en una mesa durante una conferencia de prensa con fondo turquesa y el logo de junts
POLÍTICA

Junts copia a la desesperada la estrategia de Aliança Catalana para frenar el auge de Sílvia Orriols

La dirección de Junts ha entendido tarde que la batalla estaba en las calles y en los municipios, no en Waterloo

Junts ha decidido pasar a la ofensiva. El partido desplegará este fin de semana un centenar de carpas con el objetivo de “explicar” su ruptura con el PSOE y recuperar el contacto directo con los ciudadanos. Oficialmente, se trata de una campaña de transparencia.

En la práctica, es una maniobra de emergencia para reconectar con una base social cada vez más desmovilizada. Pero, sobre todo, se trata frenar el avance de AC, que no deja de crecer en las encuestas. Tarde y mal, Junts ha entendido que la política estaba en los municipios y no en vivir de rentas mesiánicas desde Waterloo.

Un hombre con gafas y traje azul es escoltado por varias personas mientras señala hacia adelante en una calle concurrida.

Una reacción tardía

El movimiento llega en un momento delicado para Junts. Las últimas encuestas sitúan al partido al borde de un empate técnico con AC, con apenas dos escaños de diferencia. El sondeo de Ipsos para La Vanguardia otorgaba 21 diputados a Junts y 19 a Aliança Catalana, o sea, sorpasso simbólico.

La pérdida de apoyo entre los votantes independentistas tiene un nombre propio: Sílvia Orriols. Su formación ha irrumpido con un discurso soberanista duro y sin matices, que combina nacionalismo identitario y una línea contundente en materia de inmigración y seguridad. Su crecimiento ha sido especialmente fuerte en municipios medianos y rurales, donde antes Junts dominaba sin rival.

Ante esa amenaza, Puigdemont ha optado ahora por imitar la estrategia territorial de Orriols. Es decir, presencia en la calle, contacto cara a cara y mensaje emocional, algo que en E-Notícies se explicaba desde finales de 2024. El problema es que Junts llega tarde y lo hace desde la debilidad política.

Una mujer de pie sosteniendo documentos en una sala de reuniones con varias personas sentadas en bancas rojas.

Puigdemont, atrapado en su propio juego

La ruptura con Pedro Sánchez, presentada por Puigdemont como un acto de firmeza, se ha revelado como un gesto vacío. El líder de Junts ha descartado impulsar una moción de censura, el único mecanismo real para hacer caer al Gobierno central. En la práctica, ha roto con el PSOE “sin romper”, manteniendo una posición ambigua que ni entusiasma ni convence.

De paso, el partido se divide dando la apariencia de unidad absoluta en torno al líder, pero dimisiones como la de Jaume Giró rompen esta narrativa. Por otro lado, muchos alcaldes ya no saben cómo pedirle a Waterloo un cambio de estrategia ante la evidente degradación de la calle. En este sentido, la operación de las carpas busca mostrar músculo y proximidad.

El partido necesita recuperar militantes, presencia mediática y una narrativa clara. Pero el desafío es enorme, incluso contradictorio. Y es que, tras años sosteniendo a Sánchez, Junts carga con la etiqueta de cómplice del sanchismo. No olvidemos que Puigdemont dijo que no haría presidente a Sánchez porque no se fiaba de él:

Además, no son pocos los cargos medios que se desplazan hacia Aliança Catalana, atraídos por su discurso directo y su promesa soberanista. Orriols ha logrado capitalizar el desencanto con el independentismo tradicional, mientras Junts intenta reconstruir su identidad en un terreno político que ya no controla. Jugar al póquer con Sánchez tenía este riesgo: salir desplumado.

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