Hombre de mediana edad con chaqueta oscura y camisa blanca hablando frente a un micrófono sobre un fondo azul turquesa
POLÍTICA

Los alcaldes de Junts dejan en evidencia la debilidad de la dirección Puigdemont-Turull

A Junts solo le quedan los municipios como fuentes de realismo y pragmatismo político

El encuentro de varios alcaldes de Junts con Carles Puigdemont y Jordi Turull en Waterloo ha puesto sobre la mesa una evidencia que el partido intenta disimular. Es decir, que la dirección nacional vive un momento de debilidad. Lo que debía ser una reunión de trabajo sobre cuestiones municipales se ha convertido en una demostración de fuerza del espacio local.

Los alcaldes reclamaron soluciones concretas a problemas como la inseguridad, la multirreincidencia y la ocupación ilegal. De paso, criticaron abiertamente el bloqueo del PSOE a sus iniciativas. El mensaje suena como un toque de atención a Puigdemont y Turull, que han perdido reflejos ante el avance del PSC y el auge de Aliança Catalana.

Un hombre con gafas revisa un documento mientras sostiene un bolígrafo.

Waterloo escucha a los municipios

El encuentro, celebrado bajo el paraguas del Espai Municipalista, reunió a figuras con peso territorial. Todos ellos trasladaron a Puigdemont su preocupación por el “bloqueo socialista” en Madrid y por la falta de apoyo institucional desde el Govern de la Generalitat. Ahora bien, las quejas no se limitaron a la inseguridad o la okupación.

Los alcaldes lamentaron la inacción en materia de vivienda, sanidad, educación y financiación local. Señalaron que los ayuntamientos tienen cada vez más competencias y menos recursos. Esto es una verdad a gritos que otros ayuntamientos, como el de Olot, han puesto encima de la mesa: la situación les desborda.

Malestar contenido y desconfianza creciente

Detrás del discurso técnico se esconde una realidad más profunda: la dirección intenta proyectar unidad, pero la desconfianza interna crece. Como es evidente, el espacio municipalista se ha convertido en el verdadero termómetro del descontento. Los alcaldes, acostumbrados a lidiar con los problemas reales, sienten que la cúpula vive en otra dimensión de problemas políticos (amnistía, Madrid, etc.).

En este sentido, todavía nadie se atreve a decir que, de facto, el liderazgo de Puigdemont se ha vuelto simbólico. O lo que es lo mismo: la idea de aprovechar el aura espiritual del "presidente en el exilio" se ha agotado muy rápido. El problema es que los alcaldes advierten de que a la ciudadanía - acosada por la decadencia - esto no les importa lo más mínimo.

Policía detiene a una persona

Junts ante la batalla municipal de 2027

La tensión interna tiene un horizonte muy concreto: las elecciones municipales de 2027. Junts sabe que los próximos comicios locales serán su verdadera prueba de fuego, y que las urnas determinarán las autonómicas. Los ayuntamientos se han convertido en el nuevo eje del poder catalán, desplazando al Parlament como escenario central del postprocés.

Durante una década, el procesismo vivió en una burbuja ideológica que le permitió ignorar los problemas cotidianos. Ahora, la factura llega desde abajo: inseguridad, vivienda, inmigración y desafección social. Son los alcaldes quienes sufren directamente esa realidad, y quienes deben dar la cara ante unos vecinos que ya no compran el discurso de Bruselas ni el victimismo contra Madrid.

Un partido que busca su centro de gravedad

La reunión de Waterloo no ha sido un gesto menor, sino el reflejo de una pugna soterrada entre el poder simbólico de la dirección y el peso real del territorio. Los alcaldes quieren más autonomía política y un discurso pragmático que les permita competir en 2027. Saben que el votante procesista ha desaparecido y que la nueva batalla se libra en los barrios, no en el "exilio".

➡️ Política

Más noticias: