
Carles Puigdemont anuncia que no cambia nada: Pedro Sánchez seguirá como hasta ahora
Junts reuncia a la moción de censura, único mecanismo efectivo para hacer caer al Gobierno
Al final se han cumplido los principales temores y Carles Puigdemont ha decidido hacer un ejercicio más de puro procesismo: romper con el PSOE sin romper. La cúpula de Junts ha propuesto una fórmula de ruptura con Pedro Sánchez que no contempla la moción de censura. Ahora esta propuesta deberá ser ratificada por los 6.000 militantes del partido.

La ejecutiva de Junts, reunida este lunes en Perpiñán, da por terminadas las negociaciones con el PSOE. Esto significa la interrupción de las mesas en Suiza y también las relaciones en el Congreso de los Diputados. Los juntaires dejarán a Pedro Sánchez sin presupuestos y provocarán un hostigamiento parlamentario, a la espera de que el Gobierno caiga por sí mismo.
Para hacerlo todo aún más procesista, el partido formalizará la ruptura coincidiendo con el octavo aniversario de la declaración unilateral de independencia. Es decir, otra fecha simbólica con la que empaquetar el enésimo fracaso político.
Adiós al poco crédito que le quedaba
Puigdemont sabe que la única forma de terminar con el Gobierno de Pedro Sánchez es la moción de censura, y que esto le obligaría a salir en la foto con PP y Vox. En las últimas horas ha habido un ‘pressing Junts’ por parte de PSOE y Sumar, alertando a Puigdemont de que la moción de censura abría la puerta a la extrema derecha. Advirtieron de que provocaría una “involución” en el autogobierno de Cataluña.
Al final al presidente de Junts le han temblado las piernas y ha optado, una vez más, por la solución intermedia. Es verdad que la nueva situación debilita aún más a un Gobierno ya de por sí moribundo. Pero también es verdad que nunca hay que subestimar a Pedro Sánchez, cuyo objetivo sigue siendo llegar al final de la legislatura como sea.
Nunca hasta ahora Puigdemont se había atrevido a ir tan lejos en sus amenazas, pero ha gastado la última bala que le quedaba. La sensación a estos momentos de la tarde es que Junts ha dinamitado el poco crédito que le quedaba, y que Sílvia Orriols ya se está frotando las manos.
Oportunidad perdida
Puigdemont había propiciado una buena oportunidad para sacudir el tablero y aprovechar la crisis de gobierno para sacar la cabeza y tomar aire. Unas elecciones tampoco hubieran sido tan catastróficas para Junts, que podría haber rentabilizado su ventaja con ERC. Ahora se arriesga a tener que agotar la legislatura con todas sus promesas incumplidas, y la vergüenza de haber sostenido a un gobierno corrupto.
Pero además la decisión tomada hoy eterniza la fractura interna en Junts, entre la cúpula y sectores cada vez más mayoritarios que piden un giro radical. El liderazgo de Puigdemont, hasta ahora intocable, queda ahora en discusión. Veremos si esta decisión acaba pasando factura.
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