
Por qué parecen no funcionar los planes de choque del Govern contra la inseguridad
En realidad, el Govern tiene poco margen de maniobra para atacar los factores que explican el aumento de la inseguridad
El PSC llegó al Govern con una retórica un poco envenenada, pero no mucho, contra el procesismo. En sus primeras intervenciones, el presidente Illa habló de volver al “principio de realidad” o de “pisar con los pies en el suelo”. Después, el resto llegó por añadidura: devolver el liderazgo económico a Cataluña, hacer infraestructuras, etc.
Y uno de los grandes ejes que el PSC no tuvo más remedio que adoptar fue el de la inseguridad. Eran aquellos meses en los que estalló la situación en Calella y el exconsejero Elena hablaba de “percepciones” alimentadas por la “extrema derecha”. Los socialistas sabían que ese discurso era un tiro en el pie y, por ende, endurecieron el discurso.
El Govern puso en marcha la idea de “el que la hace la paga”: más Mossos, más juzgados y muchos operativos particulares (el de las armas blancas, por ejemplo). Y ahora ya ha pasado el suficiente tiempo para empezar a juzgar los resultados. El balance, como era previsible, no es extraordinario. Los motivos es que no se han tocado los factores fundamentales; y más importante aún es entender que esto escapa a la capacidad del Govern.

¿Cómo estamos?
El reguero de episodios de inseguridad de toda clase no ha parado, y lo más preocupante es que observamos una escala en la gravedad del crimen. Los datos más actualizados lo constatan. Entre enero y mediados de marzo tenemos 29 apuñalamientos (5 fallecidos) y 11 tiroteos (5 heridos y 2 muertos). Estos datos no contabilizan el verano, que ha sido especialmente malo con decenas de apuñalamientos y varios fallecidos más.
Por otra parte, no hay que olvidar que la multirreincidencia - su impunidad - permanece intacta. Los episodios kafkianos de delincuentes extranjeros que acumulan decenas y decenas de delitos continúan. Ayer mismo, el alcalde Albiol explicaba el caso de un detenido con 40 antecedentes; pero es que, pocos días antes, contó otro caso de 60 antecedentes; y así sucesivamente.

Aunque, sin duda, lo más preocupante es que se observa una escalada en la gravedad cualitativa de los delitos. Esto obedece a varios factores, entre ellos la impunidad de los okupas (crean “zonas de confort criminal”) y el narcotráfico. Esto explica el crecimiento del 23% de los tiroteos, que responde fundamentalmente al tráfico de drogas.
Y, a pesar de que hay mejoras significativas en algunos ámbitos (robos, por ejemplo), Cataluña arrastra otra lacra de inseguridad. Nos referimos al crecimiento de las agresiones sexuales, que el director del Hospital Clínic calificó de “auténticamente demencial”. Este es un problema claramente estructural y que no se le puede imputar al PSC, y la prueba está en el aumento sostenido de la violencia sexual en una década. Mientras que, hace diez años, teníamos del orden de 8.900 delitos, ahora nos movemos en la franja de los 22.000
Un problema estructural
El problema de la inseguridad es multidimensional por partida doble y casi todos los análisis dejan algunos factores fuera. Ahora bien, para el caso catalán y español, se pueden señalar dos factores innegociables. Uno es el crecimiento demográfico masivo, el otro la escasa contundencia de la ley.
Con respecto a la ley, los expertos han dejado claro por activa y por pasiva que problemas como el de la multirreincidencia obedecen a la laxitud del redactado. Esto es lo que explica (y no la falta de medios) que la multirreincidencia en lugares como Barcelona alcance niveles paródicos. El alcalde Albiol lo decía ayer mismo a propósito del detenido con 40 antecedentes: aunque pongamos 10.000 policías más, la ley permite esta situación.

Esto último es clave por una razón: el Govern - este o cualquiera - tiene poco margen de maniobra. Las reformas legales de este calado solo se pueden hacer a través del Congreso de los Diputados. Si no se hace es porque al PSOE le saldría demasiado caro abrir este melón con socios como ERC, Sumar o Bildu, que ya votaron en contra de reformar el Código Penal.
Finalmente, tenemos el factor más espinoso e incómodo para un político: la inmigración. No es que la inmigración dispare por sí misma la delincuencia, sino que la concentración poblacional excesiva provoca desórdenes a todos los niveles, empezando por la inseguridad y terminando por la vivienda. Esto es algo que se puede comprobar en países como Francia, Alemania, Bélgica o Suecia.
Nuevamente, la inmigración es un factor que el Govern no puede controlar en su totalidad. Aunque, en este caso, el PSC sí que aplaude y promueve ‘la Cataluña de los diez millones’, a diferencia, por cierto, de ERC y CUP. Por todo ello, no es de esperar un control profundo y significativo del problema de la inseguridad en los próximos años.
Más noticias: