Un hombre de cabello canoso y barba sonríe mientras una mujer de cabello corto y rojizo lo saluda con una mano en el hombro, ambos vestidos de manera formal en un entorno interior elegante.
POLÍTICA

ERC y Comuns vuelven a hacer de muleta del PSC

Republicanos, socialistas y colauistas son actores de un mismo teatro y Barcelona es la prueba

Se repite el patrón sin demasiadas sorpresas. La sección barcelonesa de ERC anunciaba ayer que darán su apoyo a los presupuestos del alcalde Collboni. Horas después, BComú anunciaba también que permitirá la tramitación de los presupuestos para dar aire al PSC. De esta manera, Barcelona vuelve a actuar como banco de pruebas del Parlament.

La situación tiene dos lecturas, una superficial y otra profunda. La superficial es la que nos ofrecen los partidos, y no va más allá de hacer políticas “progresistas”, enfrentarse a la “extrema derecha”, etc. La lectura profunda, en cambio, conectan con las principales dinámicas de la Cataluña postprocesista.

Dos hombres de traje se dan la mano y sonríen en una sala de reuniones

La primera y más destacada consiste en que ERC no quiere tocar las urnas. Los republicanos saben que su situación es muy compleja a nivel electoral; además, el partido arrastra tensiones internas importantes. Con el colapso de la mayoría indepe, ERC encontró en el PSC un mal menor, es decir, mantener espacios de poder y ganar tiempo.

La segunda dinámica es que es ahora el PSC el que reparte las cartas. La jugada sanchista de poner en el centro la “normalidad” y la “reconciliación” ha sido un éxito. Su prueba más evidente es que el PSC ha alcanzado las máximas cotas de poder en Cataluña. Otra cosa es que Illa pueda estar indefinidamente en el poder prometiendo cosas cada vez más inverosímiles.

Un teatro de cuatro años

Que ERC no tenga más remedio que ser la muleta de confianza del PSC no quita que haya sobreactuación. El teatro consiste en ponerse maximalistas, amenazar con los presupuestos y conseguir promesas vaporosas. Mientras tanto, el PSC se lo pone fácil a ERC  (subvenciones, espacios mediáticos, cargos de confianza, etc.) para que pueda reorganizar su situación lo mejor posible de cara a 2027.

Hombre con gafas y traje azul sale de una puerta sosteniendo documentos en un edificio con detalles arquitectónicos ornamentados

Además, en el peor de los casos, Salvador Illa sale ganando. Nos referimos a que la falta de presupuestos se haga crónica, como ocurre en el conjunto de España. En ese caso, Illa sale ganando porque siempre podrá alegar ante la ciudadanía que no se hacen políticas públicas por culpa del Parlament (oposición y socios).

Por otro lado, no hay que olvidar que la política catalana es una sucursal de la política española por las alianzas de ERC y Junts con el PSOE. Esto no hace más que complicar la gobernabilidad local. Por ejemplo: ERC exige concreciones en materia de financiación singular para aprobar los presupuestos locales. Y por no hablar de Junts, que sencillamente es un partido inutilizado por su líder.

De fondo, Illa con sus promesas de faraón

Finalmente, lo más destacado de la situación es que el postprocés avanza; la década procesista necesitaba por lo menos una legislatura completa para depurarse. Y el tripartito no es otra cosa que el vehículo de esa depuración. Esto explica que las cada vez más faraónicas promesas de Illa - ahora, más de 200.000 nuevas viviendas VPO - no vayan a ningún lado.

En definitiva, todo se resuelve en tacticismos partidistas mientras se alimenta la inmigración, la inseguridad y la pérdida de poder adquisitivo. Hasta que no lleguen las municipales no veremos ninguno de los cambios que trae el postprocés. Y después, con las elecciones autonómicas, empezará una nueva etapa.

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