
Junts y ERC ya copian a Sílvia Orriols
Los partidos procesistas mueven ficha con la inmigración desesperados por las encuestas
La crisis procesista está llevando a una explosión del fenómeno Sílvia Orriols que se refleja en las encuestas cada vez con más claridad. Esto ha disparado los nervios en las sedes de los viejos partidos independentistas, que necesitan mover ficha. ERC y Junts han empezado a copiar las propuestas y estrategias de Aliança Catalana, aunque llegan tarde y el remedio podría acabar siendo peor que la enfermedad.

Junts propuso en el debate de política general, la semana pasada, exigir un mínimo de diez años de empadronamiento para acceder a pisos de protección oficial. Una reivindicación histórica de Aliança Catalana, que la propia Orriols formuló en el debate en TVE el pasado 26 de septiembre.
También la semana pasada, el primer edil de ERC en Amposta, Adam Tomàs, propuso una cumbre de alcaldes para abordar el problema de la inmigración. Otra demostración de cómo los partidos que fomentaron el modelo proingmigracionista que nos ha llevado hasta aquí se están viendo obligados a reconducir su estrategia.
Tanto Esquerra como Junts están subiendo también el tono contra la multirreincidencia y las okupaciones. Esto resulta especialmente llamativo en el caso de ERC, que al frente de la Consejería de Interior lideró la tesis del negociacismo y las percepciones en materia de seguridad pública.
Junts y ERC, un giro a la desesperada
Los primeros que vieron las orejas al lobo y empezaron un giro a la derecha fue Junts. No solo por la amenaza creciente de Aliança Catalana, sino también por la sublevación de una parte importante de sus alcaldes. Esto ha evidenciado una fractura entre una cúpula arrastrada por el procesismo woke, y unos dirigentes locales que sufren diariamente las dificultades derivadas de la inmigración masiva.
En ERC han tardado un poco más, pero también se han visto obligados a iniciar un giro, alarmados por las encuestas de opinión. Su presidente Oriol Junqueras, y figuras destacadas como Elisenda Alemany y Gabriel Rufián, se han desmarcado de la Cataluña de los 10 millones. Y han empezado a hablar desacomplejadamente de la necesidad de más mano duro con la multirreincidencia y las okupaciones.
Hace solo unos días, ERC trasladó al Govern su preocupación por el aumento de la delincuencia en barrios y ciudades de Cataluña. Pero hay que recordar que ERC votó en el Congreso de los Diputados en contra de endurecer las penas a los multirreincidentes. Y que no hace tanto su consejero de Interior, Joan Ignasi Elena, tildaba de extrema derecha a todo aquel que osara plantear el problema del auge delincuencial.
Demasiado tarde
Por estas contradicciones, el giro a la desesperada de Junts y ERC no parece convencer a sus electores. Los partidos procesistas no solo llegan tarde al debate de la seguridad y la inmigración, sino también sin credibilidad. Básicamente, porque son identificados por el grueso del independentismo como los responsables de las políticas nefastas que han llevado Cataluña al colapso.

La única formación que parece tener la llave para sacar al electorado de la frustración y el pesimismo es ahora mismo Aliança Catalana. Y la semana pasada, en el debate de política general, Sílvia Orriols volvió a demostrar que está en plena forma.
Orriols arrasó con una crítica voraz al sistema partitocrático y una enmienda a la totalidad de las políticas del PSC y sus socios. Junts votó en contra de todas sus propuestas con el resto de partidos del cordón sanitario (PSC, ERC, Comuns y CUP). Pero la estrategia de copiar las propuestas de AC para luego demonizarlas puede acabar siendo contraproducente.
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