
Un exalcalde de la CUP pide ilegalizar a Aliança Catalana
Sílvia Orriols supone una grieta insalvable dentro del espacio procesista
Cómo no, el debate sobre la guerra en Gaza ha vuelto a generar tensiones dentro del independentismo catalán. En las últimas horas, un exalcalde de la CUP, Robert Sabater, ha causado polémica al reclamar abiertamente la ilegalización de Aliança Catalana. Lo hacía con motivo del posicionamiento público de Aliança Catalana a favor de Israel.
Sabater, que fue alcalde de Viladamat entre 2014 y 2019, escribió un breve pero contundente mensaje en redes sociales: “A esta gente hay que ilegalizarla”. La frase ha provocado un alud de reacciones por su dureza, así como por su peligrosidad. En cualquier caso, lo que esto refleja es la grieta que ha abierto Orriols dentro del espacio procesista.
El apoyo de Aliança Catalana a Israel
La declaración de Sabater venía con motivo de la publicación de un reportaje en el Ara que detallaba el respaldo político e ideológico de Aliança Catalana al gobierno israelí. El medio hacia una crónica de, por ejemplo, la jornada de formación del partido en Tortosa. Allí se habló de la apuesta estratégica que hace AC por actores como Israel.

Y es que, como es público y notorio, la cúpula de AC ha apoyado de manera muy firme al gobierno de Netanyahu. Esto se inscribe en los planes de la formación para tejer alianzas de alcance internacional. En este sentido, cabe destacar también las buenas relaciones de AC con Alternativa por Alemania.
Además, el apoyo a Israel cuadra con la "islamofobia" declarada de Sílvia Orriols. Así, pues, no es de extrañar que en este punto AC sea simplemente un actor más dentro de la nueva derecha europea. Ahora bien, cuando la cuestión se trae a Cataluña, observamos una profunda polarización del debate público.
El silencio de la CUP y la radicalización del discurso
El choque entre la CUP y Aliança Catalana evidencia una creciente polarización dentro del soberanismo catalán, dividida entre el nacionalismo identitario y la izquierda anticapitalista. Mientras Sílvia Orriols se consolida como una voz dura contra la inmigración y el islam, la CUP mantiene un discurso multicultural que la enfrenta frontalmente a ese modelo.
Pero todo esto es lo de menos. Lo más relevante es que el postprocés se sirve de las polémicas que brinda la actualidad para ahondar en la desunión del independentismo. Asunto distinto es que la izquierda intente capitalizar un asunto que a corto plazo no le va a proporcionar beneficios electorales.
Por el contrario, cosas como la Flotilla o 'Barbie Gaza' se disuelven en simple interés mediático para los grandes medios. Eso en el mejor de los casos. Porque las molestias que la izquierda antisistema provoca con sus protestas sí tienen una traducción electoral.
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