Manifestación con una bandera palestina y un cartel que muestra a una persona tras las rejas con la palabra terrorista
POLÍTICA

Pinchazo de la huelga propalestina: flojo seguimiento, vandalismo y miles de trabajadores afectados

En realidad, la huelga es otra expresión de la decadencia irreversible de la izquierda catalana

La huelga general convocada en apoyo a Palestina se ha saldado con escaso seguimiento, varios episodios de vandalismo y miles de trabajadores perjudicados por cortes de carreteras. Lo que pretendía ser una jornada de solidaridad internacional terminó convertida en un día de caos para miles de ciudadanos que solo querían llegar a su puesto de trabajo.

Los sindicatos convocantes justificaron la protesta como una acción “para detener el genocidio en Gaza”. Sin embargo, el resultado fue una huelga política sin el más mínimo efecto real en el conflicto. Muchos comercios no abrieron, el transporte sufrió interrupciones y la Ronda Litoral permaneció bloqueada durante horas.

Grupo de personas encapuchadas caminando de noche mientras sostienen bengalas rojas que iluminan la escena

Vandalismo y caos en las calles

Desde primera hora del miércoles, varios grupos de manifestantes bloquearon la Ronda Litoral, los accesos a Mercabarna y la Zona Franca, paralizando el tráfico en una de las principales arterias logísticas de Cataluña. A estos cortes se sumaron los de la C-17, la C-25 y otros ejes interurbanos, con la consiguiente afectación para transportistas y trabajadores.

Además, no hay que olvidar el fracaso estadístico de la jornada. Según datos oficiales, la huelga tuvo un anecdótico seguimiento del 0,5%. Sin perjuicio, claro, de que los medios subvencionados no hayan dado publicada al dato.

Se registraron actos de vandalismo en mobiliario urbano y fachadas, así como lanzamiento de pintura contra algunas sedes institucionales. Los Mossos d’Esquadra tuvieron que intervenir en varios puntos para restablecer la circulación. En el resto de la comunidad, la situación fue de aparente normalidad: el seguimiento fue mínimo y los servicios esenciales funcionaron con normalidad.

Las críticas no tardaron en llegar. Muchos ciudadanos expresaron su frustración por el bloqueo de la movilidad y acusaron a los convocantes de utilizar la causa palestina como excusa ideológica. “Hay miles de motivos reales para hacer huelga, pero este no es uno de ellos”, se leía en redes sociales.

Jaume Clotet: “Es una perversión del concepto de huelga”

El periodista y escritor Jaume Clotet resumía en TV3 lo que muchos pensaban. Aseguró que la jornada fue “una perversión del concepto de huelga”, recordando que una huelga solo tiene sentido cuando busca mejorar las condiciones laborales y se dirige al propio Gobierno. Con mucha precisión, Clotet subrayó además la paradoja política del momento.

Mientras la huelga llenaba titulares, el exministro socialista José Luis Ábalos declaraba ante el Tribunal Supremo en el marco de la investigación sobre presunta corrupción en el PSOE. Es decir, que esta puede haber sido una de las huelgas "antisistema" que mejor le ha ido al "sistema". A todo esto, Clotet señalaba que sí hay otros motivos reales para protestar, como la subida de cuotas a los autónomos.

Una huelga desconectada de la realidad

El balance de la jornada fue claro: seguimiento residual, daños económicos y rechazo social. Lo que debía ser una muestra de solidaridad internacional terminó revelando el vacío estratégico y la desconexión social de la izquierda catalana. Ahora bien, esto no es más que una manifestación de la decadencia - ya irreversible - de la izquierda catalana.

Mientras miles de trabajadores perdían horas de trabajo y productividad, la sensación dominante fue la de una protesta inútil. Como resumía ayer un comentario viral en redes: “Si de verdad les importara la justicia, harían huelga por los salarios, no por Palestina”.

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