Personas manifestándose bajo la lluvia con pancartas que expresan descontento por la situación de los trabajadores autónomos
POLÍTICA

El infierno de ser autónomo en España: pagar más, ganar menos y jubilarse con la pensión más baja de Europa

El Estado exprime todo lo posible a una parte esencial del tejido económico de España: aquí tenemos el resultado

Ser autónomo en España sigue siendo un ejercicio de resistencia económica. El sistema de cotización y fiscalidad convierte a los trabajadores por cuenta propia en uno de los colectivos más castigados de Europa, atrapados entre cuotas elevadas, impuestos altos y prestaciones mínimas. Y la reforma aprobada en 2023 no ha aliviado la carga: la mayoría de los autónomos sigue pagando más de lo que recibe.

El contraste con el resto de Europa es contundente. Mientras en países como Francia, Reino Unido o Alemania los autónomos disfrutan de flexibilidad, exenciones y periodos de gracia, España combina cuotas obligatorias desproporcionadas con un IRPF de los más altos del continente. En conjunto, un trabajador por cuenta propia español paga hasta un 50% más en impuestos y cotizaciones que la media europea.

Cuotas fijas, impuestos progresivos y una carga insoportable

El modelo español exige pagar una cuota mensual mínima de 200 euros, que puede llegar hasta los 590 euros en los tramos más altos, incluso aunque el negocio apenas genere ingresos. A ello se suman el IRPF, con tipos de hasta el 47% para rentas altas, y el IVA del 21%, que debe liquidarse cada trimestre aunque no se haya cobrado la factura.

Personas observan ropa en una tienda de moda, con maniquíes vestidos al frente y percheros llenos de prendas en el fondo.

Además, desde 2023 los autónomos pagan un recargo adicional del 0,8% por el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), destinado a sostener las pensiones futuras. La llamada “tarifa plana” de 80 euros, que pretendía incentivar el autoempleo, solo dura un año. Luego se convierte rápidamente en una cuota media de 294 euros mensuales para ingresos modestos de 1.300 euros.

El resultado es un escenario fiscal asfixiante. Según un informe de InfoAutónomos, un profesional que facture 1.500 euros netos paga cerca del 20% de sus ingresos solo en cotizaciones, sin contar el resto de tributos. En Francia o Alemania, esa carga se reduce prácticamente a la mitad durante los primeros años de actividad.

El espejismo europeo: menos impuestos, más protección

El contraste con Europa es demoledor. En Francia, los nuevos autónomos no pagan cuotas durante el primer año y solo contribuyen entre el 12% y el 22% según su actividad. En Reino Unido, quienes ganan menos de 11.500 euros al año pagan apenas 15 euros mensuales en seguros sociales, sin obligación de declarar IVA si facturan menos de 100.000 euros.

En Alemania, los trabajadores por cuenta propia eligen sus coberturas y pagan entre 140 y 240 euros al mes, con la ventaja de no declarar IVA hasta haber cobrado. En Italia, los autónomos con ingresos bajos están exentos de impuestos. Y en Portugal se cotiza sobre el 70% de los ingresos declarados.

España, en cambio, sigue siendo el país europeo donde más se paga por trabajar por cuenta propia y donde menos se recibe a cambio. Ni las deducciones ni las bonificaciones compensan una estructura fiscal que castiga especialmente a los pequeños negocios. Hablamos de comercios y profesionales con rentas medias o bajas.

Primer plano de Pedro Sánchez en su escaño del Congreso bebiendo un vaso de agua

Jubilación: décadas cotizando para cobrar 1.000 euros

La desigualdad se agrava al llegar la jubilación. Según los datos del Ministerio de Inclusión y Seguridad Social, los autónomos españoles cobran una pensión media de 1.009 euros, frente a los 1.665 euros de los asalariados del régimen general. La diferencia supera los 650 euros mensuales, lo que convierte a este colectivo en el más vulnerable del sistema público de pensiones.

La razón es histórica: durante años, los autónomos pudieron cotizar por la base mínima, algo que hizo la mayoría para poder sobrevivir. El resultado es una generación entera que, tras décadas de trabajo, recibe pensiones muy por debajo del umbral de subsistencia. La reforma de 2023 pretende corregir esta desigualdad mediante la cotización por ingresos reales, pero sus efectos no se notarán hasta dentro de una década.

El peso invisible de sostener el país

En España hay más de 3,4 millones de autónomos que generan empleo, riqueza y servicios esenciales. Sin embargo, el 85% no puede permitirse contratar empleados y el 60% tiene dificultades para conciliar vida laboral y familiar. Son parte esencial del tejido económico, pero también el eslabón más débil de la cadena fiscal.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante la sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 21 de febrero de 2024, en Madrid

La paradoja es evidente: el Estado recurre a ellos para sostener la recaudación, pero les niega la estabilidad y la protección que otorga a otros trabajadores. Pagan como empresarios, pero cobran como asalariados precarios. Trabajan sin horarios, pero con obligaciones fiscales muy duras.

Así, ser autónomo en España no es solo una profesión: es una prueba de resistencia diaria. Un camino lleno de obstáculos donde la Administración cobra primero y ayuda después, y donde jubilarse con dignidad sigue siendo, para muchos, un sueño pendiente.

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