Grupo de personas encapuchadas caminando de noche mientras sostienen bengalas rojas que iluminan la escena
POLÍTICA

Lluvia de críticas a la izquierda catalana por la huelga propalestina: '¿Y por los salarios cuándo?'

Consignas lejanas y exceso de ideología: la izquierda antisistema avanza sin oposición hacia su irrelevancia social

La jornada de huelga general convocada en Cataluña para “poner fin al genocidio en Gaza” ha despertado una avalancha de críticas en redes sociales. A primera hora de la mañana, los colectivos juveniles de la izquierda radical celebraban los cortes de carreteras y los piquetes con un mensaje triunfal. "Desde buena mañana ya empezamos con diversos cortes de carretera, bloqueos y piquetes por la huelga general":

Pero la respuesta no fue la esperada. Cientos de usuarios replicaron con ironía y enfado ante lo que consideran una huelga inútil y desconectada de la realidad social. “¿Es por la subida de la cuota de los autónomos? ¿O por mejorar las condiciones de los sanitarios? ¿O por subir los salarios?”, comentaba un internauta.

Otros ironizaban: “El primer día en años que os levantáis pronto para algo”. El sentimiento general fue claro: la izquierda protesta por todo menos por lo que afecta directamente a los trabajadores.

Manifestación con una bandera palestina y un cartel que muestra a una persona tras las rejas con la palabra terrorista

Una huelga política, no laboral

La convocatoria partía de ocho sindicatos, entre ellos CCOO, UGT, CGT, COS e Intersindical, y buscaba detener la actividad para exigir el fin del conflicto en Gaza. La jornada, sin embargo, tuvo un seguimiento muy limitado fuera del ámbito educativo y de ciertos sectores del funcionariado.

En Barcelona, los manifestantes cortaron la Ronda Litoral, los accesos a Mercabarna y la Zona Franca, generando atascos y desvíos desde las primeras horas. Los sindicatos justificaron los bloqueos como una “acción solidaria internacional”. Pero para muchos ciudadanos fueron una muestra más de un activismo desconectado del día a día de la mayoría. “Hay muchas causas más urgentes por las que hacer huelga”, señalaban varios comentarios.

La protesta también afectó al tráfico en la C-17 y la C-25, y provocó retrasos en el transporte público. Los servicios mínimos garantizaron la actividad en hospitales, escuelas y servicios esenciales. Aun así, el malestar ciudadano fue evidente: muchos trabajadores tuvieron que improvisar para llegar a sus empleos o reorganizar sus jornadas.

Cubo amarillo con el logotipo negro de la CUP y una estrella en un escenario

La izquierda pierde el pulso de la calle

El debate se repite cada vez que se organiza una huelga política. La izquierda catalana mantiene un activismo permanente que ya no conecta con los problemas reales de los trabajadores. En lugar de reclamar salarios dignos o aliviar la carga fiscal de los autónomos, centra sus esfuerzos en causas internacionales que poco afectan al día a día de los ciudadanos.

La convocatoria por Palestina ha servido, de nuevo, para retratar ese desencuentro entre discurso y realidad. Una Cataluña que madruga y trabaja mira con escepticismo a quienes bloquean calles en nombre de consignas lejanas. Y en las redes, el veredicto fue claro: “Por los salarios, nunca; por Palestina, siempre”.

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