Dos agentes de la guardia urbana observan un edificio residencial.
POLÍTICA

Los vecinos consiguen echar a la inquilina conflictiva de una vivienda social en BCN

Llevaban sufriendo los problemas de convivencia desde hace más de cuatro años

E-Notícies se hizo eco en enero de la denuncia de una comunidad de vecinos contra los problemas de convivencia ocasionados por los inquilinos de unas viviendas sociales. La zona era el barrio de Sagrada Familia, en Barcelona. Los vecinos pusieron el foco sobre Hàbitat 3, la entidad gestora de estos alquileres sociales cuya mediación no estaba dando resultados.

Una agente de policía toma notas en un bloc mientras está de pie frente a la Sagrada Familia en Barcelona.

Los afectados anuncian ahora con satisfacción que después de mucho batallar por fin han conseguido echar a la inquilina problemática. Según informa una vecina, “la inquilina conflictiva del piso de Hàbitat 3 se ha ido porque según dice ella estaba cansada”. Lo cual califica como “un éxito”, ya que ahora los vecinos podrán vivir tranquilos.

Esta vecina, además, señala la “inacción” de Hàbitat 3 como causa del “enquistamiento” de la mediación. “Los mediadores vieron enseguida que esta mujer no podría seguir en este piso”, añade. Finalmente, según esta información, la inquilina se ha ido por propia voluntad.

¿Vulnerables o okupas?

Este caso puso de manifiesto la perversa utilización que muchas veces se hace del concepto de vulnerabilidad para encubrir la okupación y la delincuencia. Estos vecinos llevaban desde 2020 sufriendo problemas de convivencia provocados por inquilinos de las viviendas sociales de Hàbitat 3. Esto incluía fiestas a altas horas de la madrugada, realquileres ilegales, daños materiales y amenazas a los vecinos.

En enero denunciaron la “inacción ante graves conductas que alteran la convivencia”, y señalaron claramente a la entidad gestora. Según dijeron, esta ha estado ignorando durante años las quejas de los vecinos.

Además, pusieron en cuestión la gestión de los fondos públicos destinados al alquiler social. Criticaron que una fundación que recibe dinero público actúe con “esta falta de transparencia y responsabilidad”. Pidieron hacer compatible la atención de las personas vulnerables con el derecho de los vecinos al descanso y a vivir en paz.

Responsabilidad de las gestoras

Ha sido su empeño el que finalmente ha conseguido que la inquilina que generaba los problemas haya decidido irse. Pese a su felicidad, estos vecinos están seguros de que no es un caso aislado y que hay otras viviendas sociales con el mismo problema.

Las fundaciones que gestionan las viviendas de alquiler social no pueden lavarse las manos ante problemas que afectan a la comunidad de vecinos. Especialmente en casos flagrantes como este, en el que los mediadores confirmaron la versión de los vecinos. Una demostración también de que el problema de la vivienda en Cataluña tiene muchas aristas, más allá del relato oficial.

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