
ERC continúa con el negacionismo inmobiliario: especuladores, ‘ricos’ y fondos buitre
La izquierda no admite que la principal causa del problema es la gigantesca presión de demanda de la inmigración
Para cualquier figura de izquierdas que no esté en el poder, el debate inmobiliario es un regalo. Se trata de un debate candente, que el ciudadano entiende y que es muy sencillo de manipular. Si a esta ecuación se le añade Gabriel Rufián, el resultado es previsible.
“Intervención del mercado”, “bucle tóxico y perverso de la especulación”, “ricos”, “fondo buitre”. Este es el arsenal que sacó el portavoz de ERC en el Congreso durante el último debate parlamentario. Todas estas medidas son legítimas, pero inútiles dada la realidad básica del mercado inmobiliario.
La culpa es del fantasma
La postura de Rufián, así como de otros muchos, supone que el mercado está adulterado por la especulación. Es decir, que hay una cantidad de oferta suficiente, pero que, por algún motivo, la manejan ciertos actores perversos. Esto es lo que se conoce como “poder de mercado”, es decir, la capacidad de influir en el precio.

El problema de esta postura es que es falsa; más aún: es una postura innecesaria por dos motivos. El primer motivo es que, si fuera verdad que el mercado está adulterado, no sería por culpa de los “ricos”, “especuladores” o “fondos buitre”. El segundo motivo es que el mercado inmobiliario es incontrolable por la gigantesca presión de demanda que hay con motivo de la inmigración.
Con respecto al primer motivo, es público y notorio que alrededor del 90% del mercado del alquiler está en manos de particulares de edad media y avanzada. En definitiva, los boomers. Esto implica que no hay ninguna autoridad central con agenda propia como para adulterar el mercado, como sí pasaría con los fondos de inversión.
Luego, lo más importante: la escalada de los precios obedece al crecimiento incontrolado de la demanda, así como a su concentración geográfica. Esto llega a tal dimensión que los intentos de satisfacer esa demanda con más oferta son inverosímiles. Es decir, que el ritmo de construcción de oferta no puede llegar al de la demanda.
Y los precios por su cuenta
La prueba de toda esta situación está en algo que cualquier ciudadano corriente puede comprobar sin necesidad de tutela política. Nos referimos al hecho de que los precios no hacen más que subir y subir. A esto se le añade un rosario de medidas impotentes - casi todas intervencionistas - que solo han empeorado el problema.

En este sentido, basta con observar la huida hacia adelante del poder político para comprobar que las autoridades no pueden arreglar el problema. Sánchez, por ejemplo, ha prometido VPO, ayudas a los jóvenes e incontables leyes de vivienda. Aquí, en Cataluña, el presidente Illa no hace más que añadir cero a la lista de miles de viviendas que dice que va a construir. Mientras tanto, los precios tocan máximos históricos.
Y un poco de intervención para empeorar el problema
Y llega un momento que esta huida hacia adelante se convierte en trampas al solitario. En Cataluña, el Govern dice que la ley de vivienda ha hecho bajar los precios, pero eso es solo un malabar estadístico. El engaño es tan simple como que muchos pisos que superan el tope de precios simplemente se han salido del mercado. Por esto, bajan los precios y al mismo tiempo se reduce la oferta.
El resultado es todavía peor. Y es que los pisos de mala calidad pueden pegarse al techo de precios decretado por el Govern. De esta manera, se produce una estabilización de precios en el techo del mercado con un empeoramiento estructural del parque inmobiliario.

Y eso en el mejor de los casos. La otra salida que encuentra el mercado es i) el mercado negro; ii) sortear la regulación con otras modalidades inmobiliarias. Basta darse una vuelta por los principales portales digitales para observar un trasvase generalizado hacia las habitaciones y los colivings.
En definitiva, que el intervencionismo que plantea Rufián solo servirá para generar debate partitocrático y empeorar todavía más el mercado. Nuevamente, el ciudadano basta con que se fíe de su realidad diaria. Los precios no van a bajar.
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