Un grupo de personas camina por un pasillo con cortinas rojas, llevando carpetas y libros.
POLÍTICA

La CUP sale de una guerra interna y se mete en otra: Gerona contra Barcelona

La estrategia pragmática de la CUP se encuentra con la resistencia de los puristas de la capital

La CUP no consigue escapar de su espiral de crisis internas. Poco después del Procés de Garbí, el partido de antisistemas integrados se ve sumido en una nueva disputa que enfrenta a sus dirigentes territoriales. El eje del conflicto se sitúa entre las comarcas de Gerona y el núcleo de Barcelona, y tiene como telón de fondo la orientación pragmática que la formación ha adoptado en los últimos meses. Se trata del típico debate de izquierdas entre purismo ideológico y efectividad pragmática.

Desde Gerona, Jordi Casas y Guillem Surroca se han hecho visibles por sus discursos contra la idea de la “Cataluña de los 10 millones”. Según Surroca, este aumento poblacional tendría consecuencias “dramáticas en términos de recursos, lengua y cohesión nacional”. Su postura ha sido respaldada por otros referentes del partido, como el diputado Dani Cornellà, que en redes sociales aseguró que "¡No queremos su Cataluña[del PSC]de los 10 millones ni de los 9 ni de los 8!".

Hombre con barba y gafas hablando en un micrófono en una sala de conferencias.

La posición de Casas y Surroca marca un giro llamativo para un partido que históricamente había defendido la inmigración sin matices. Sus declaraciones han generado reacciones inmediatas. Varias figuras de la órbita comunicativa de Aliança Catalana han ironizado sobre este tema. Otros, como Jordi Aragonès, directamente han celebrado el giro de la CUP.

La respuesta de Barcelona

El sector barcelonés de la CUP, guardián de las esencias más radicales, no ha tardado en reaccionar. El activista antifascista y excandidato Santi Araña, una de las caras visibles de la CUP en la capital, arremetió con dureza contra la nueva línea del partido. “No entiendo por qué no echáis a esta basura de gente. Se están cagando encima de toda la militancia que se ha dejado la piel durante muchos años”, escribió en redes sociales en referencia a Casas y Surroca.

El choque no es solo personal. Araña representa al ala más purista y antisistema, que denuncia la deriva “identitaria” como una traición a la esencia de la CUP. El enfrentamiento refleja, además, una fractura territorial. Gerona y su entorno (dos alcaldías) empujan hacia un discurso de crítica demográfica, mientras que Barcelona y los sectores clásicos insisten en mantener el perfil rupturista de izquierdas.

Acto político al aire libre con una gran bandera estelada amarilla, dos personas en un escenario frente a una pantalla y un público numeroso rodeado de árboles

Un partido al borde de la implosión

La disputa llega en un momento crítico. La CUP ha perdido peso en el Parlament, ha desaparecido del Congreso y ha retrocedido en concejales municipales. La dimisión de Laia Estrada, el pulso con Laure Vega y la pugna entre corrientes históricas como Endavant y Poble Lliure ya habían dejado cicatrices profundas.

Ahora, el choque entre Gerona y Barcelona confirma que la CUP no ha logrado estabilizarse. El partido que nació como referente del independentismo antisistema sigue atrapado en un círculo de guerras internas. En última instancia, la situación es estructural: con el fin de la mayoría indepe, la CUP ya no es útil a los poderes de Cataluña.

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