
Una cita estéril entre Zapatero y Puigdemont agrava la crisis PSOE-Junts
Junts no cae en la trampa del diálogo vaporoso del expresidente Zapatero: ya les ha bastado con Sánchez y Salvador Illa
La reunión celebrada esta semana en Zúrich entre Zapatero y Puigdemont debía ser un paso para desatascar la relación entre PSOE y Junts. Sin embargo, el encuentro volvió a terminar en tablas, sin acuerdos ni avances concretos. Esto refuerza la sensación - el grito a voces - de que el canal de interlocución atraviesa una fase terminal.
Los de Puigdemont llegaron a la cita con el convencimiento de que Zapatero es un negociador demasiado cómodo para Moncloa, pero poco útil para ellos. Ciertamente, el expresidente Zapatero se mueve en las arenas movedizas del diálogo y la generalidad, es decir, en ganar tiempo. Pero esta estrategia de estirar el calendario cada vez le sale más cara a Junts, que no ve resultado y sí ve la presión de Aliança Catalana.

Compromisos que se desmoronan
La falta de avances no es solo cuestión de estilo negociador. Cada vez resulta más evidente que algunos de los compromisos asumidos por Sánchez con Junts son inviables. El caso más sonado es el de la oficialidad del catalán en Europa. El canciller alemán Friedrich Merz dejó claro esta semana que no habrá unanimidad a corto plazo, apelando a las dificultades logísticas y remitiendo la solución “a medio plazo” a la inteligencia artificial.
El segundo frente crítico es el de la inmigración. Tras un año de conversaciones, PSOE y Junts pactaron una proposición de ley para transferir competencias a la Generalitat, pero Podemos ya ha anunciado que votará en contra. Su argumento es que se trata de una norma “racista” que describe la inmigración como un problema de convivencia. Con PP y Vox en el ‘no’, el texto no tiene ninguna posibilidad de prosperar en el Congreso.

Estrategia del bloqueo
Ante este panorama, Junts ha optado por endurecer su estrategia. En las últimas semanas se ha alineado con PP y Vox para tumbar medidas clave del Gobierno, como la reducción de la jornada laboral o la creación de una agencia anticorrupción. La consigna es clara: ningún apoyo en Madrid hasta que se cumplan los compromisos pendientes. La negativa de Puigdemont a hablar siquiera de Presupuestos en la mesa de Suiza es la prueba de esa táctica de bloqueo.
En Moncloa saben que la verdadera moneda de cambio no está en esas reuniones discretas, sino en la fotografía de Pedro Sánchez junto a Puigdemont. Esa imagen, guardada todavía en la recámara, sería el “reseteo” de legislatura que ansían los socialistas. Pero mientras no se produzca, el Gobierno sigue sin oxígeno.
Una legislatura encallada
El desgaste es palpable en ambos bandos. Junts sufre en las encuestas por la fuga de votantes hacia Aliança Catalana, que capitaliza el desencanto en Gerona y en parte de Barcelona. El PSOE, por su parte, ve cómo la aritmética parlamentaria se le complica sin el apoyo de los siete diputados independentistas.
La legislatura avanza convertida en un intercambio de reproches y ultimátums. Junts denuncia incumplimientos flagrantes, el PSOE pide paciencia y Podemos dinamita acuerdos claves. En este contexto, la mesa de Suiza se ha transformado en un escenario repetitivo de frustraciones: sin fotos, sin gestos y sin acuerdos.
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