Gráfica de barras rojas con tendencia ascendente frente a una patrulla de policía desenfocada
POLÍTICA

Un 1.392% más de okupaciones en 15 años en Gerona: la magnitud del problema

Los años de tolerancia desde el poder público hacia la okupación no eran gratis y aquí está la factura

La ciudad de Gerona ha experimentado un espectacular aumento de okupaciones en los últimos 15 años, con un incremento del 1.392%. En 2009, la provincia registraba tan solo 63 casos de ocupación ilegal de viviendas. Sin embargo, en 2024, la cifra alcanzó los 940 casos, según datos del Ministerio del Interior. Esta realidad sitúa a Gerona como la tercera provincia de España con más ocupaciones, solo por detrás de Barcelona y Madrid.

Este crecimiento vertiginoso de las okupaciones refleja una tendencia alarmante que lleva más de una década en constante ascenso. Si bien 2021 fue un año de pico con 976 casos, el dato actual de 940 casos demuestra que el fenómeno sigue creciendo. Como es evidente, esto implicaciones directas tanto para los propietarios de las viviendas como para la seguridad.

La okupación como fenómeno de delincuencia creciente

Este aumento no solo se refleja en las cifras de ocupaciones, sino también en el crecimiento paralelo de otros delitos vinculados. Las detenciones y las investigaciones relacionadas con las okupaciones han aumentado un 35,7% en comparación con el año anterior. En 2024, se registraron 1.131 personas detenidas o investigadas por delitos vinculados a ocupaciones ilegales.

Varios Mossos de espaldas mirando hacia las casas okupadas La Ruïna y Kubo de la Bonanova con mucho humo en el aire

Este incremento subraya el impacto de la okupación en la seguridad pública. Con frecuencia, las okupaciones están vinculadas a mafias que aprovechan la falta de control para instalarse ilegalmente. A partir de aquí, los delincuentes encuentran una base para la comisión de otros delitos, como el tráfico de drogas y la extorsión.

La problemática no se limita a los barrios periféricos o áreas rurales. En ciudades como Girona, Figueres y Salt, las okupaciones afectan a viviendas desocupadas en el centro de la ciudad. La respuesta de las autoridades ha mejorado, con una mayor eficacia en la resolución de casos y la agilización de los desahucios. Ahora bien, los datos son los que son.

Como ocurre con la inseguridad, las maniobras políticas son más bien cosméticas, en algunos casos directamente engañosas, como el cambio de metodología de cálculo. El problema fundamental está en una mezcla de crecimiento demográfico desordenado y mala legislación. Así mismo, no ayuda que algunas fuerzas políticas mantengan el discurso de la vulnerabilidad cuando simplemente estamos ante una industria criminal.

La okupación como fuente de criminalidad

La relación entre okupación y criminalidad es clara y preocupante. La ocupación ilegal de viviendas no es solo un problema de propiedad, sino que actúa como un caldo de cultivo para otros fenómenos delictivos. Las okupaciones se asocian a menudo con el tráfico de drogas, las extorsiones y la violencia callejera.

Agentes de la Policía Nacional entran en un edificio de la calle José Garrido que estaba okupado, a 20 de julio de 2021, en Madrid

Un ejemplo reciente de la peligrosidad de este fenómeno ocurrió en L'Hospitalet de Llobregat, donde un vecino sufrió una brutal paliza al intentar intervenir en una pelea entre okupas. Lo que comenzó como un intento de frenar un acoso terminó en una escena de violencia extrema. Lo más grave es que, a pesar de las denuncias y la presencia policial, los agresores seguían en libertad. 

El fenómeno de la okupación también abre la puerta a prácticas como el empadronamiento fraudulento y el aumento de la ocupación de espacios públicos. Esto deteriora aún más la convivencia en los barrios afectados. Además, casi siempre suelen ser barrios humildes y trabajadores, lo que todavía abre más la brecha entre la realidad y el discurso público.

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