
El tripartito se conjura en Barcelona: ERC y Comuns, de la gesticulación a la necesidad
El tripartito va a intentar exprimir la legislatura todo lo posible antes de mirar a la cara a la realidad electoral
El Ayuntamiento de Barcelona volvió a escenificar esta semana la geometría política que marca la nueva etapa postprocesista de Cataluña. Con el voto favorable de los Comuns, el gobierno de Jaume Collboni superó el primer trámite de los presupuestos de 2026. Los nueve concejales de BComú se sumaron a los quince del PSC y los cinco de ERC, permitiendo al alcalde respirar.
El gesto tiene un significado que va más allá de lo municipal. La alianza entre PSC, ERC y Comuns no solo garantiza estabilidad en la capital, sino que confirma la reedición de un esquema que se proyecta sobre el Parlament. Es decir, un tripartito que, aunque niega su existencia, funciona de hecho y porque no tiene más remedio.
Los Comuns, de la distancia al compromiso
Los Comuns, acabaron alineándose con el PSC a cambio de abrir una mesa de negociación presupuestaria y de obtener compromisos en materia de vivienda. El concejal Marc Serra calificó las cuentas como “un buen marco de negociación”. Así mismo, dejó claro que exigirán medidas para “decrecer turísticamente” y “duplicar la inversión en obra nueva”.

Con ese movimiento, BComú vuelve a situarse en su papel clásico: marcar perfil ideológico, pero sostener la gobernabilidad socialista. La decisión se interpreta como una rectificación táctica más que una reconciliación política. Después de meses de frialdad con Collboni, los Comuns han entendido que su influencia depende de mantenerse dentro del perímetro del poder.
Esto no va más allá de un teatro con fechas. Porque si algo es evidente es que los Comuns están en la peor posición para exigir nada. Su decadencia electoral es profunda, dependen de PSC y ERC y quieren evitar cualquiera posible adelanto electoral.
ERC: pragmatismo con doble fondo
Por su parte, ERC consolidó su papel de socio necesario. El concejal Jordi Castellana defendió su apoyo en términos de “responsabilidad y utilidad vecinal”, insistiendo en el aumento del 33% en políticas de vivienda. Sin embargo, más allá de los argumentos de gestión, el gesto republicano se inscribe en una lógica más amplia. Más concretamente, la de un partido en repliegue que busca conservar espacios institucionales en plena crisis de liderazgo.
Como ocurre con los Comuns, ERC no puede permitirse un escenario de aislamiento ni una nueva confrontación electoral. Su entendimiento con el PSC, tanto en el Parlament como en el Ayuntamiento, responde a una necesidad de supervivencia. A cambio de estabilidad, los republicanos obtienen tiempo y margen para reorganizar su estrategia.

El tripartito como método: del Parlament a Sant Jaume
La coincidencia de votos entre PSC, ERC y Comuns en Barcelona no es un hecho aislado. Se trata, más bien, de la réplica local de una dinámica que ya domina la política catalana. Desde la llegada de Salvador Illa a la Generalitat, los acuerdos cruzados entre socialistas y republicanos - con colauistas de por medio - se han convertido en el eje de la gobernabilidad.
En el Parlament, la colaboración se disfraza de pragmatismo; en el Ayuntamiento, de responsabilidad municipal. Pero en ambos casos la lógica es la misma: la gesticulación ideológica da paso a la necesidad. ERC necesita al PSC para sostener su presencia institucional, y el PSC necesita a ERC y a los Comuns para blindar su mayoría.
El resultado es un modelo de estabilidad de muy bajo voltaje: acuerdos continuos, cesiones mutuas y ausencia de proyectos estructurales. Lo que el independentismo fue en la década pasada, el tripartito lo es ahora en la etapa postprocesista. Es decir, un modo de gestionar el tránsito sin cambiarlo.
La DGAIA y el precio del silencio
Entre los factores menos visibles de esta nueva alianza, figura la necesidad compartida de controlar los daños políticos del escándalo de la DGAIA. Los casos bajo investigación han provocado un profundo desgaste para ERC y el progresismo buenista en general. En este contexto, el entendimiento entre republicanos y socialistas no solo responde a la aritmética, sino también a una voluntad política de contención.

Esto ya lo hemos visto en el Parlament, con un PSC que trabaja para vehicular el escándalo de una manera cómoda para ERC. Además, el Govern de Illa no ha dudado en hacer cambios puramente cosméticos en la DGAIA. El caso es que a nadie dentro del tripartito le interesa que aflore el escándalo más importante de la Cataluña de los últimos años.
Más noticias: