
El PSOE intenta engatusar otra vez al procesismo ante su momento más crítico
Muy mal se le tienen que presentar las encuestas para las municipales a Junts como para aliarse con PP y Vox en Madrid
El PSOE vive un momento de máxima tensión con sus socios procesistas. Con un Gobierno desgastado, una legislatura frágil y el debate territorial reabierto, los socialistas intentan una vez más recomponer los puentes con el procesismo. María Jesús Montero acelera la negociación con ERC para pactar un nuevo modelo de financiación que permita al Govern del PSC aprobar los presupuestos y, al mismo tiempo, mantenga en pie la alianza con el procesismo.
Mientras tanto, Carles Puigdemont activa su propio reloj político desde Waterloo. Junts celebra hoy una reunión clave en Perpiñán para decidir si rompe con Pedro Sánchez o vuelve a dejar el órdago en suspenso. La conjunción de ambos movimientos define el momento más crítico de toda la legislatura: el PSOE intenta evitar que el procesismo, aunque exhausto, se le vuelva en contra.
Montero fuerza el calendario: Hacienda quiere cerrar el modelo antes del CPFF
La ministra de Hacienda presiona a ERC para cerrar un acuerdo “histórico” sobre el nuevo sistema de financiación autonómica. El objetivo es llegar al Consejo de Política Fiscal y Financiera previsto para principios de noviembre con un texto prácticamente cerrado.

En teoría, el nuevo modelo incluiría entre 4.000 y 5.000 millones de euros anuales adicionales para Cataluña, aunque la cifra definitiva se mantiene en secreto. El PSOE confía en que ese gesto sea suficiente para atraer a los republicanos y desbloquear los presupuestos catalanes.
Montero afronta además su propia cuenta atrás. Quiere dejar cerrado el modelo antes de abandonar el Ministerio, previsto para la primavera de 2026, cuando se active la campaña andaluza. Pero ERC no se da por satisfecha. Oriol Junqueras advierte de que, si Hacienda presenta el modelo sin un acuerdo previo, “nacerá muerto”. Su mensaje a Montero fue claro: no habrá presupuestos sin pacto real.
Puigdemont, entre el farol y la ruptura
En paralelo, Carles Puigdemont vuelve a situarse en el centro del tablero. Junts ha convocado una reunión decisiva en Perpiñán para valorar el “Acuerdo de Bruselas”, aquel pacto que en 2023 permitió la investidura de Pedro Sánchez. La dirección del partido someterá la decisión a una consulta telemática entre la militancia, que votará si mantiene o retira el apoyo al Gobierno central.
Puigdemont vuelve a ensayar su estrategia del desgaste: mantener la tensión, retrasar los plazos y hacer que el PSOE tema una ruptura que puede no llegar nunca. Pero el juego tiene límites. El expresidente sabe que una retirada de apoyo haría caer a Sánchez y forzaría elecciones generales, mientras que recular otra vez reforzaría su imagen de líder errático.
La ley de amnistía, aún sin aplicarse plenamente, y los incumplimientos en materia lingüística e inmigratoria son sus principales argumentos para justificar la desconfianza. Sin embargo, su posición es cada vez más débil. La amnistía se ha convertido en un trámite judicial lento y su regreso a Cataluña sigue bloqueado.
ERC y Junts, el espejo de un mismo agotamiento
La situación de Junts y ERC ilustra el final del ciclo político procesista. Lo que fue una ofensiva soberanista se ha transformado en un ejercicio de resistencia. ERC confía en un modelo de financiación que no llega, y Junts, en una amnistía que no se cumple. Ambos dependen del PSOE para sobrevivir políticamente.

El procesismo, que hace una década pretendía romper con el Estado, es hoy su socio más previsible. Ni la amnistía ha devuelto la épica, ni la financiación singular ha generado ilusión. En su lugar, queda un pacto de conveniencia que mantiene cargos y discursos, pero ya no moviliza a nadie.
En este contexto, el PSOE se mueve con habilidad. Sabe que el independentismo ya no amenaza su estabilidad, pero tampoco puede permitirse su ruptura. Por eso multiplica los gestos, las promesas y los plazos, confiando en mantener a ERC y Junts dentro del redil político.
Pero nada dura eternamente
Ahora bien, aunque el procesismo nunca se ha caracterizado por la inteligencia estratégica, ERC y Junts saben que su situación es muy compleja. En el caso de Junts directamente desesperada con la presión que hace Aliança Catalana. Por su parte, ERC está estancada en un tripartito del cual depende para no enfrentarse a unas elecciones anticipadas.
Así que, si la legislatura se cae en Madrid, será por desesperación del procesismo, y en particular de Junts. Porque muy mal tienen que estar las encuestas internas en las municipales catalanas para que Puigdemont asocie su imagen con PP y Vox. Sea como fuere, algo como Frankenstein nace con fecha de caducidad.
Más noticias: