Dos hombres con trajes oscuros y lazos amarillos en la solapa, uno mirando al frente y el otro de perfil, con un fondo de urnas de votación.
POLÍTICA

Junts y ERC, atrapados en su propio laberinto: la amnistía y la financiación singular evidencian el ocaso del procés

Puigdemont y Junqueras, las dos caras de un fracaso político histórico: solo les queda pilotar lo que quede de postprocés

El independentismo catalán atraviesa su momento más bajo. Lo que hace apenas una década se presentaba como una cruzada por la autodeterminación ha terminado convertido en una serie de maniobras de supervivencia política. Junts, amparada en la amnistía, y ERC, aferrada a un modelo de financiación singular que no llega nunca, representan hoy dos caras de un mismo agotamiento. Más en particular, el de un movimiento que ya no tiene horizonte propio y depende por completo del PSOE.

La legislatura avanza entre promesas diluidas, plazos incumplidos y un equilibrio cada vez más frágil en el que los socialistas acumulan poder. En realidad, el procesismo ya no gobierna el relato. Como mucho, lo administra a la baja, intentando extraer réditos simbólicos de unas concesiones que no cambian nada.

Un hombre calvo sujeta y levanta con las dos manos una urna de las que se usaron para el referéndum del 1 de octubre en Cataluña. Lo hace en medio de una manifestación, rodeado de decenas de personas

La amnistía: el espejismo interminable de Puigdemont

Carles Puigdemont, desde su largo exilio en Waterloo, es el mejor ejemplo de este ocaso. El líder de Junts llegó a presentar su pacto con Pedro Sánchez como un “acuerdo histórico” que debía culminar con la amnistía y su regreso triunfal a Cataluña. Pero, casi dos años después, el desenlace es el opuesto. La amnistía sigue sin aplicarse plenamente, el Tribunal Supremo mantiene la orden de detención, y el horizonte judicial se alarga.

Porque si algo es evidente es que Puigdemont está mentalizado de que seguirá en el "exilio". Ni el Tribunal Constitucional ni el Supremo han cerrado las causas, y la Unión Europea podría alargar el proceso con nuevas revisiones. Todo apunta a que el “acuerdo histórico” se transformó en un fiasco histórico. Asunto distinto es que, el expresidente, quiere verbalizar esta realidad.

La paradoja es evidente. Puigdemont, que en 2017 prometió “no rendirse jamás ante el Estado español”, depende hoy por completo del mismo PSOE al que acusaba de ser cómplice de la represión. Su amnistía, presentada como un triunfo político, ha terminado siendo una herramienta de desgaste. En el mejor de los casos, le ha servido para conservar influencia en Madrid y mantener su liderazgo dentro de Junts.

Hombre con gafas y traje hablando en un atril durante un evento del Consell per la República Catalana con el fondo de un cartel con el mismo texto

ERC y la trampa de la financiación singular

Si Junts vive pendiente de una amnistía que no llega, ERC se aferra a la promesa de un nuevo modelo de financiación para justificar su papel en la legislatura. El llamado “modelo singular” debía garantizar a Cataluña mayor autonomía fiscal y estabilidad presupuestaria, pero el plan se ha convertido en un laberinto técnico. Cómo no, PSOE y PSC están muy cómodos en ese laberinto, más que nada porque ellos lo dibujan.

Las negociaciones entre el Govern del PSC y los republicanos no se han detenido, pero avanzan al ritmo de un calendario que siempre se retrasa. Lo que en teoría debía resolverse antes de final de año se pospone una y otra vez. En el mejor de los escenarios, se habla de una propuesta antes de 2026; en el peor, de otro ciclo perdido.

El propio diseño del modelo es un ejemplo de contradicción. ERC exige garantías de estabilidad y el principio de ordinalidad, mientras el PSOE evita cualquier compromiso firme que pueda generar tensiones con otros territorios. Entre tanto, Salvador Illa exhibe moderación, María Jesús Montero maniobra con prudencia electoral y el Govern continúa sin presupuestos.

Hombre de barba y camisa blanca levantando el puño derecho mientras habla frente a dos micrófonos en un entorno al aire libre con árboles y edificios de fondo

Una Hacienda propia que solo existe en el papel

La llamada “Hacienda catalana” es el último intento de ERC por dotar de contenido político a una promesa que nunca se cumple. En teoría, debía ser el paso previo hacia la plena gestión del IRPF y otros tributos. En la práctica, se ha convertido en un proyecto burocrático sin músculo ni personal suficiente para funcionar.

Con menos de 900 empleados, la Agencia Tributaria de Cataluña no puede competir con los 4.000 trabajadores y casi 300 inspectores que la Agencia Estatal despliega en el territorio. Aun así, el Govern sigue prometiendo que asumirá el control total de la recaudación antes de 2028, aunque ni siquiera tenga presupuestos aprobados para el año en curso.

El plan no busca tanto crear una estructura fiscal real como mantener el relato. La Hacienda catalana es la nueva ficción procesista, una continuación del “mientras tanto” con el que ERC y el PSC sostienen la legislatura. Su función no es recaudar, sino prolongar la ilusión de soberanía en un contexto donde la independencia ha dejado de ser una prioridad.

Del mito a la dependencia

Junts y ERC compartieron un destino y lo siguen haciendo: sobrevivir gracias al PSOE. Lo que antes era una relación de confrontación se ha transformado en dependencia mutua. Sánchez necesita sus votos en Madrid, y los partidos procesistas necesitan a Sánchez para seguir existiendo políticamente. El resultado es un equilibrio de poder en el que los socialistas mandan y los independentistas obedecen.

Plano corto de Pedro Sánchez y Salvador Illa con rostro sonriente en un acto del PSOE

El procesismo, que en su momento pretendió romper con el Estado, se ha convertido en su aliado más previsible. Ni la amnistía ha devuelto la épica, ni la financiación singular ha generado ilusión. Todo se resume en un pacto de conveniencia que mantiene los cargos, los sueldos y la retórica, pero ya no despierta pasión ni esperanza.

En definitiva, el procés no ha muerto de represión, sino de inanición, además, una inanición voluntaria. Su último capítulo no se escribe en Bruselas ni en el Parlament, sino en los despachos del PSOE. Allí donde Puigdemont y ERC confiaron recuperar poder, lo único que han conseguido es confirmar que su tiempo ya pasó.

➡️ Política

Más noticias: