
El movimiento de Junts dispara los nervios en ERC: Gabriel Rufián, al rescate del PSOE
ERC no renuncia a su vocación de muleta y pone en marcha la idea de que Puigdemont está con la derecha española
La última maniobra de Carles Puigdemont ha sacudido el tablero político catalán y ha vuelto a reactivar la infinita guerra interna del procesismo. Mientras Junts escenifica su ruptura con el PSOE, Gabriel Rufián ha salido en defensa del Gobierno de Pedro Sánchez. Esto evidencia la tensión que vive ERC entre su discurso soberanista y su papel como fiel muleta del PSOE.
“Son muy pesados”, dijo el portavoz republicano al referirse a Junts. Acto seguido, añadió: “Ese es su espacio ideológico natural, el del PP y Vox. Si no aportan, que se aparten”. El tono, directo y despectivo, ilustra hasta qué punto ERC ve en la estrategia de Puigdemont una amenaza más para sus propios intereses que para los del Gobierno central.
El mensaje llega pocos días después de que Junts anunciara desde Perpiñán la ruptura formal con el PSOE. La decisión, presentada como un gesto de dignidad política, no contempla una moción de censura, el único mecanismo real para hacer caer al Ejecutivo. En la práctica, Junts deja de negociar con Sánchez, pero sin asumir el coste de tumbarlo junto a la derecha.

ERC, en su papel de bastón
Frente a esa postura, ERC busca mantener su perfil de interlocutor responsable y maquillar el hecho de que son un apéndice de Pedro Sánchez. Su dirección insiste en que no se levantará “de ninguna mesa de negociación” y que seguirá usando sus siete diputados en Madrid “por el bien de Cataluña”.
Rufián, en ese contexto, intenta marcar distancia con Junts y reforzar el relato de partido pragmático que evita el bloqueo institucional. La estrategia es arriesgada. Por un lado, ERC trata de conservar influencia en la política española; por otro, se expone a un desgaste creciente entre su propio electorado, que percibe a los republicanos como muleta del PSOE.
Un procesismo agotado
El choque entre ERC y Junts llega cuando el independentismo atraviesa su momento más débil en una década. El procesismo ha perdido fuerza, tanto por la falta de resultados como por la irrupción de nuevas formaciones, como Aliança Catalana, que capitalizan el desencanto de una parte del votante soberanista.
En este escenario, Pedro Sánchez sigue apareciendo como el gran beneficiado. La división entre Junts y ERC le garantiza estabilidad y tiempo político. Mientras unos acusan al otro de traición y oportunismo, el Gobierno mantiene el poder sin comprometer su agenda.
El resultado es un nuevo capítulo del enfrentamiento fratricida entre las dos almas del independentismo. Una, que todavía amenaza con romper, y otra, que ya se resigna a gestionar los restos del naufragio. En el fondo, Junts y ERC se parecen mucho, y por eso ambos tienen tantos problemas con lo mismo: el fin de su mayoría en el Parlament.
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