
'Mirada larga', el último eufemismo de Puigdemont que ha encendido a los indepes
El expresidente está instalado en el procesismo simbólico y eso supone un problema a largo plazo para Junts
Carles Puigdemont ha vuelto a recurrir a una fórmula retórica tan grandilocuente como imprecisa. En el acto de clausura de la Escuela de Otoño de Junts, el expresidente aseguró que su partido representa “esa mirada de Estado, esa mirada larga de la construcción de la nación, que no se acaba nunca y que es permanente”. El mensaje pretendía reivindicar la vocación de Junts como fuerza nacional, pero ha despertado más ironías que adhesiones.
El término “mirada larga” ha sido interpretado por muchos usuarios como un nuevo eslogan vacío, una evasiva ante la falta de rumbo político de Junts. En redes, las críticas se han multiplicado con un tono entre la burla y la desafección. Muchos lo ven como la enésima huida hacia adelante de un partido instalado en la retórica procesista:
Del simbolismo al desconcierto
La reacción era previsible: la frase del expresidente llega en un momento en que Junts sufre un desgaste evidente, tanto interno como electoral. Su insistencia en mantener el procesismo simbólico, sin pasos concretos hacia ningún objetivo, ha dejado a buena parte de su base desorientada. Y ahora, la irrupción de Aliança Catalana ha agudizado ese malestar al ofrecer un discurso más contundente.

En este contexto, la “mirada larga” no se percibe como visión de Estado, sino como un recurso retórico para esquivar el presente. La idea de que “alguien debe quedarse en el país con mirada de construcción nacional” suena a promesa reciclada de una década en la que el independentismo institucional acumuló fracasos.
Un procesismo sin épica ni credibilidad
La situación no es nueva. Hace apenas unas semanas, Junts aprovechaba el aniversario del 1 de octubre para reivindicar el “mandato” del referéndum de 2017. El discurso era el mismo: apelaciones a la épica, "represión" y silencio sobre los errores estratégicos. Pero esa narrativa, que antaño movilizaba, hoy solo genera escepticismo entre los suyos.
Muchos independentistas recuerdan que el procés fue una sucesión de gestos simbólicos sin hoja de ruta real. Lo que en su día fue ilusión, hoy se percibe como una estafa partidista en la que nadie sabía cómo alcanzar sus objetivos. Puigdemont, con su “mirada larga”, reabre involuntariamente ese debate: el del liderazgo moral sin contenido político.
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