
La inseguridad se le enquista a Jaume Collboni: la Barcelona socialista no consigue frenar la degradación
Multirreincidencia impune, protestas vecinales y acusaciones de alarmismo: el guion de la impotencia política
Barcelona vive bajo la sombra de la inseguridad. Las manifestaciones vecinales que crecen en número y fuerza en barrios como Sant Antoni, el Raval o la Barceloneta reflejan un hartazgo que el gobierno municipal del no logra contener. La situación, que se extiende también al área metropolitana, evidencia el mismo patrón: un modelo que no frena la delincuencia, ni en el Ayuntamiento ni en la Generalitat.
El último síntoma es la movilización conjunta que unirá este domingo a vecinos de L'Hospitalet, Zona Franca, Nou Barris, Badal y el Raval, que marcharán hasta la plaza Sant Jaume para exigir seguridad y dignidad. “Tu presencia hace la diferencia”, reza el lema de la convocatoria, un mensaje que va más allá del malestar cotidiano. Estamos ante un grito ciudadano apartidista frente a la sensación de impunidad que domina las calles.

El fracaso del modelo de seguridad socialista
El alcalde Collboni llegó al poder prometiendo un giro en materia de seguridad tras los años de descontrol bajo el mandato de Ada Colau. Sin embargo, los datos y las percepciones coinciden en que la situación no ha mejorado. Los Mossos constatan la existencia de unos 400 delincuentes multirreincidentes en la ciudad.
Desde 2015, cuando Colau llegó al poder, los delitos en Barcelona han aumentado más de un 10%, y los robos con violencia se han disparado hasta superar los 6.600 casos anuales. Los planes impulsados por Collboni apenas han tenido impacto real. La percepción de inseguridad se mantiene intacta y el discurso oficial choca con la experiencia diaria de vecinos y comerciantes.
En paralelo, el Govern de la Generalitat, también en manos del PSC, acumula promesas incumplidas. La consejera de Interior, Núria Parlon, lanzó el Plan Kampai contra la multirreincidencia, pero los resultados son mínimos. En barrios como L'Hospitalet o Bellvitge los vecinos hablan abiertamente de “abandono institucional”.


Sant Antoni, símbolo del deterioro
El barrio de Sant Antoni se ha convertido en el nuevo termómetro del descontrol. En las últimas semanas se han sucedido peleas, apuñalamientos y escenas de violencia en plena vía pública. Los vecinos lo comparan ya con el Raval, y el término “ravalización” se repite en redes sociales y medios locales.
Ante la presión ciudadana, el Ayuntamiento ha anunciado un plan de choque, pero incluso los concejales reconocen que será una “intervención a largo plazo”. Desde la oposición, el líder del PP en Barcelona, Dani Sirera, ha criticado duramente la pasividad del consistorio: “Los vecinos viven con miedo cada día y Collboni sigue mirando hacia otro lado. Barcelona merece seguridad”, expresó Sirera.
La realidad, más allá de las palabras, es que la degradación avanza. Comercios que cierran, calles donde los robos son cotidianos y plazas convertidas en puntos de conflicto. Para los residentes, los anuncios del Ayuntamiento llegan tarde y suenan a estrategia política más que a voluntad real de cambio.
Protestas vecinales y crisis de credibilidad
La inseguridad se ha convertido en el principal eje de protesta ciudadana en la Barcelona de Collboni. Lo que antes eran manifestaciones aisladas en barrios concretos ahora es una red coordinada de movilizaciones que agrupa a comunidades muy distintas. Hablamos desde las familias obreras de Nou Barris hasta los comerciantes del Eixample.

Los datos del CEO confirman esta tendencia: la inseguridad es una preocupación creciente entre los ciudadanos. El problema no solo erosiona la convivencia, sino que golpea la imagen internacional de la ciudad, que Eurostat sitúa entre las más inseguras de Europa.
Mientras tanto, Collboni repite el mismo patrón que Colau: negar la crisis, culpar a la oposición de alarmismo y vender planes de seguridad que no llegan al terreno. En los barrios, sin embargo, el discurso es otro: vivir sin miedo se ha convertido en un lujo.
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