Un grupo de jóvenes juega en una cancha al aire libre mientras una persona se sienta sola detrás de una reja blanca.
POLÍTICA

Cataluña es la comunidad con más centros de menores, y está por encima de su capacidad

La violación de una menor en Madrid ha resucitado el debate sobre estos centros y la inseguridad

Los centros de acogida de menores vuelven a estar en el foco de la polémica por la brutal agresión sexual cometida en Hortaleza, Madrid. Una adolescente de 14 años fue víctima de una violación cerca de un centro de menores que llevaba tiempo dando problemas. Pese a las protestas vecinales por la inseguridad no se hizo nada, y después de la agresión se desató una oleada de indignación con ataques incluidos.

Esto ha devuelto a la actualidad el problema de los centros de menores también en Cataluña. De hecho, Cataluña es la comunidad con más centros de acogida y su ocupación ha superado ya el máximo previsto. También aquí ha habido quejas vecinales por la inseguridad que causan.

Un grupo de personas baja por unas escaleras en una estación de metro.

Según el último recuento en España hay 1.375 centros y 19.057 plazas, de los cuales 260 centros (el 18,9%) y 4.651 plazas (el 24,5%) están en Cataluña. La comunidad catalana lidera junto a Andalucía el número de centros y de plazas. Es un reflejo más de la crisis migratoria que atraviesa Cataluña, de forma muy destacada respecto al resto del país.

Además, en Cataluña el sistema de acogida se ha visto totalmente desbordado y los centros están por encima de su capacidad máxima. Los centros de acogida primaria están en un 107% de ocupación, mientras que los de emergencia están en un 104%. En los centros residenciales de educación intensiva también hay una ocupación desbordada del 102%.

Fracaso del sistema de acogida

En Cataluña el fracaso del sistema de acogida se ha manifestado con la crisis de corrupción en el organismo públicod de la DGAIA. Mientras, se sigue difundiendo un relato oficial que no admite fisuras y cimentado en la hipocresía de la corrección política.

Por ejemplo, se evita el debate sobre el impacto que tienen algunos de estos centros en el entorno más inmediato. Se acusa rápidamente de racista a cualquiera que denuncie la inseguridad que provocan algunos de estos menores. Las autoridades no se atreven a meter mano, y las consecuencias son los ataques indiscriminados cuando se produce un incidente como el de Hortaleza.

Incidentes en varias localidades catalanas

En Piera ocurrió algo parecido, tras varias quejas sobre la inseguridad que provocaban algunos jóvenes tutelados en el pueblo. Un incidente desató una batalla campal entre jóvenes del pueblo y menores tutelados, y ataques al centro de menos con piedras y líquido inflamable.

En Dosrius, la propia Generalitat tuvo que intervenir en el centro de menores por los problemas ocasionados por tres tutelados. Los vecinos, sobre todo adolescentes y mujeres, eran diariamente asaltados por estos delincuentes que sembraron el pánico.

En Vallirana, otro centro de menores fue atacado tras la reiteradas quejas de los vecinos. En Barcelona, familias de un instituto cercano a uno de estos centros tutelados protestaron por la inseguridad diaria que sufrían sus hijos e hijas. Son solo algunos ejemplos de cómo algunos centros rompen el equilibrio y la convivencia, con la pasividad de las autoridades.

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