Un hombre inmoviliza a otra persona en el suelo sobre una acera concurrida mientras varias personas observan la escena cerca de una avenida urbana.
POLÍTICA

Un multirreincidente, detenido tras asaltar a una mujer de 50 años: por qué los catalanes están hartos

No por casualidad el problema de la inseguridad escala posiciones entre las preocupaciones de los ciudadanos

La escena ocurrió a plena luz del día en la Vía Laietana de Barcelona. Una mujer de 54 años caminaba cuando un joven encapuchado trató de arrebatarle el bolso con violencia. La arrastró varios metros por el suelo mientras ella pedía ayuda a gritos. Fue entonces cuando un agente de la Policía Nacional, que salía de la comisaría en un vehículo camuflado, se lanzó sobre el agresor y logró reducirlo con la ayuda de una compañera.

El detenido tiene 24 años y 26 antecedentes por delitos similares: robos con violencia, hurtos y agresiones. Pese a su historial, estaba en libertad. La víctima no sufrió lesiones graves, pero tuvo que recibir atención médica por una fuerte crisis de ansiedad. El episodio, aunque cotidiano, resume el drama de la multirreincidencia en Cataluña, un problema que ni la Generalitat ni el Ayuntamiento han logrado frenar.

Un ladrón con nombre pero sin castigo

El caso ha vuelto a encender el debate sobre la impunidad judicial. Según los Mossos d’Esquadra, en Barcelona hay unos 400 delincuentes multirreincidentes que acumulan miles de detenciones. Muchos de ellos vuelven a las calles en cuestión de horas. Los agentes los conocen por nombre y rostro, pero la ley les impide mantenerlos entre rejas.

Policía detiene a una persona

El director general de los Mossos, Josep-Lluís Trapero, lo reconoció recientemente: “Tenemos un grupo de personas que han hecho del robo su modo de vida”. Los más activos superan las cien detenciones. En la práctica, la ciudad convive con una delincuencia profesionalizada, amparada por un sistema judicial incapaz de responder.

De Colau a Collboni: el problema que nadie soluciona

La herencia de los años de gobierno de Ada Colau sigue pesando sobre Barcelona. Su modelo “social” de seguridad, basado en evitar la represión y entender al delincuente como una víctima del sistema, dejó un rastro de impunidad y descontrol. Durante su mandato, los robos con violencia pasaron de 4.500 a más de 7.000 anuales.

El actual alcalde, Jaume Collboni, prometió revertir la situación con el Plan Endreça, pero los resultados son mínimos. Los Mossos calculan que los delitos siguen por encima de los 75.000 al año, y los robos con violencia superan los niveles previos a la pandemia. Mientras tanto, el PSC gobierna también la Generalitat, con la consejera Núria Parlon al frente del Plan Kampai contra la multirreincidencia. Otro plan más, sin efecto visible.

Dos personas, una mujer y un hombre, posan frente a un fondo desenfocado con tonos azules.

Una ciudad cansada de vivir con miedo

La multirreincidencia no es un dato técnico, sino una realidad diaria para miles de vecinos. Comercios asaltados, ancianos robados en plena calle, turistas atacados en el centro. Los agentes se sienten frustrados, y los ciudadanos, desprotegidos. Basta con observar las encuestas del CEO para comprobarlo.

Barcelona figura ya entre las ciudades más inseguras de Europa, según Eurostat. Y lo que para las instituciones son cifras, para los barceloneses es una rutina de miedo. El caso del joven con 26 antecedentes es solo uno más, pero sirve para entender por qué la paciencia de los catalanes se agota.

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