
Afiliados al Consell de la República denuncian trabas para darse de baja
La crisis en la entidad afín a Carles Puigdemont podría ser incluso mayor de lo parece
La crisis del Consell de la República, el chiringuito creado por Carles Puigdemont, atraviesa una crisis galopante. Nació con la ambición de ser un gobierno paralelo en el exilio, y ha acabado como una agenda propagandística de Waterloo. La avalancha de bajas de los últimos años acreditan el desprestigio en el que ha caído la entidad.
De hecho, la crisis podría ser incluso mayor de lo que parece. Porque, según han denunciado algunos afiliados, la entidad estaría poniendo trabas a quienes solicitan la baja. Es decir, que según estos testimonios hay miembros que se quieren dar de baja hace tiempo y no pueden.
El Consell ha perdido 13.725 afiliados
La situación en el Consell es delicada. La entidad mostraba el número de afiliados en tiempo real, en un contador en su página web, hasta que muchos empezaron a darse de baja. En las últimas elecciones a la presidencia de la entidad, el pasado mes de febrero, se publicó un censo de 89.474 inscritos.
Un año antes, en las elecciones presidenciales de febrero de 2024, el censo era de 89.970 inscritos. Es decir, en un solo año el Consell de la República perdió casi 500 afiliados.
La caída de afiliados es aún mayor si nos retrotraemos a la votación que convocó el ente en 2023 para decidir sobre la supresión del órgano legislativo. En la votación se mostró un censo de 90.481 miembros registrados. Teniendo en cuenta que el Consell de la República llegó a tener 103.199 afiliados, esto suponía una caída del 12%.
Según el último censo de febrero de 2025, desde su fundación en octubre de 2018 el Consell de la República ha perdido 13.725 afiliados. Y la cosa podría ser peor, porque habría miembros queriéndose dar de baja y que no pueden por las trabas de la propia entidad.
No se pueden dar de baja
Un socio llamado Josep Manel denuncia en X que no puede darse de baja. “Me gustaría saber por qué el Consell no te da de baja cuando se lo pides”, lamenta. Según él no lo hace por el dinero, sino “porque no quiero figurar en organizaciones colaboracionistas con la ocupación española”.
También lo denuncia Josep Fossas, que a su vez ha recibido comentarios de otros afiliados que intentan darse de baja y no pueden. Uno de ellos asegura que llegó a amenazarlos con una denuncia si volvían a mandarle algún correo. Parece que salir de la entidad no solo es muy difícil, sino que además hay que aguantar el bombardeo con correos y propaganda.
La cuestión ya no es solo de números, sino de pérdida de credibilidad de una entidad que llegó a liderar el independentismo cívico junto a la ANC. Estas entidades han sido víctimas del fracaso estratégico y el agotamiento de los liderazgos que han hundido al procesismo.
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