
Este encantador pueblo medieval de Cataluña se construyó sobre un río: es maravilloso
Sus murallas y calles de piedra lo convierten en uno de los pueblos medievales mejor conservados de todo el país
Cataluña está llena de pueblos con encanto, muchos de ellos desconocidos. Esa discreción les da parte de su magia, rincones que parecen resistirse al paso del tiempo. Sus calles, plazas y murallas muestran la historia sin necesidad de museos.
En Girona hay un pequeño pueblo que no es una excepción. Su silueta, marcada por un puente medieval sobre el río, es inconfundible. Y no es casualidad que se haya convertido en uno de los destinos más visitados de la región.

El pueblo medieval sobre el río
Su arquitectura sorprende al visitante desde el primer paso. Murallas, templos y restos de antiguos barrios lo convierten en una auténtica lección de historia al aire libre. El ambiente invita a recorrerlo despacio y a dejarse llevar por sus calles empedradas.
Hablamos de Besalú, en la comarca de la Garrotxa. Con unos 2.500 habitantes, es un auténtico viaje a la Edad Media. Su historia remonta al reinado de Guifré el Pilós, a finales del siglo IX, cuando se convirtió en condado independiente.

En 1966 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico Nacional por su gran valor arquitectónico. El reconocimiento premió la conservación de un patrimonio que lo ha convertido en uno de los pueblos medievales mejor preservados del país.
Qué ver en Besalú
Su símbolo más conocido es el Pont Vell, el puente románico que cruza el río Fluvià. Con sus siete arcos y la torre defensiva en el centro, es una de las postales más fotografiadas de Cataluña. Desde allí se obtiene la mejor panorámica del pueblo, con las murallas y tejados de fondo.

Otro lugar imprescindible es el barrio judío, uno de los más relevantes de la península. Allí se encuentra el mikve, un baño ritual del siglo XII excavado en piedra, único en toda la península ibérica. También se conservan restos de la antigua sinagoga, testimonio de la comunidad judía que habitó Besalú durante siglos.

El Monasterio de Sant Pere es otra joya. Fundado en el año 977, el templo actual data del siglo XII y conserva una fachada sobria de estilo románico. Su interior guarda capiteles esculpidos y transmite la serenidad típica de los monasterios medievales.

La Iglesia de Sant Vicenç, de origen románico, también merece una visita. Conocida por su ábside semicircular y su nave austera, refleja la sobriedad arquitectónica de la época. Es uno de los templos parroquiales más antiguos de la villa.

Al recorrer sus calles empedradas se entiende por qué Besalú cautiva. El trazado urbano conserva el aire medieval, con plazas tranquilas como la de la Llibertat, rodeadas de casas de piedra. Pasear por ellas es retroceder en el tiempo y descubrir rincones fotogénicos en cada esquina.
Besalú destaca también por su ubicación estratégica. Está situada entre tres comarcas: la Garrotxa, el Alt Empordà y el Pla de l’Estany, y entre dos ríos, el Capellada y el Fluvià. Esta posición le dio relevancia militar y comercial en la Edad Media, y hoy le asegura un entorno natural privilegiado.
Un lugar con vida propia
A pesar de su perfil turístico, Besalú sigue siendo un pueblo habitado y con vida propia. Sus vecinos presumen con razón de la herencia medieval que han conservado generación tras generación.

Hoy combina la tranquilidad de un pueblo pequeño con la actividad que generan los visitantes. Cafeterías, talleres de artesanía y pequeñas tiendas conviven con plazas llenas de historia.
Besalú es, en definitiva, un viaje a la Edad Media en pleno siglo XXI. Sus puentes, templos y calles lo convierten en uno de los pueblos más bonitos y fotogénicos de Cataluña, un rincón que merece recorrerse sin prisas.
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