
El último informe de la pobreza en Cataluña desmiente el triunfalismo de Salvador Illa
La realidad económica de la calle: la pérdida de poder adquisitivo se ceba con jóvenes y niños
El nuevo informe Foessa presentado por Cáritas ha introducido un jarro de agua fría en el discurso oficial de éxito económico y social que intenta proyectar el Govern de Salvador Illa. Mientras el presidente insiste en que Cataluña “avanza”, los datos muestran una realidad muy diferente. El empleo no blinda contra la pobreza, la precariedad se extiende y la vivienda sigue siendo un factor decisivo de exclusión social.
Las cifras revelan una Cataluña donde tener trabajo ya no garantiza estabilidad vital. De hecho, una parte sustancial de la población ocupada vive en condiciones incompatibles con lo que suele describirse como progreso económico. Es decir, continúa el drama de la pérdida de poder adquisitivo mientras los datos macros se muestran extraordinarios.
Un mercado laboral que deja atrás a 1,4 millones de trabajadores
El Foessa confirma que el 38% de los trabajadores catalanes - 1,4 millones de personas - son pobres pese a estar empleados. El diagnóstico se agrava entre los jóvenes: el 65% de los menores de 30 años encaja en la categoría de precariedad laboral. Nada de esto encaja con el relato político sobre crecimiento, empleo de calidad o recuperación social.

La realidad, según Cáritas, es que más del 55% de quienes sufren exclusión social vive en hogares donde el sustentador principal trabaja. Este indicador fractura cualquier idea de mejora estructural más allá de los despachos de las Consejerías.
A esto se suma un incremento del empleo concentrado en sectores de baja productividad y unos salarios que no han acompañado la inflación de los últimos años. El resultado es una generación atrapada en trabajos que no permiten cubrir necesidades básicas.
Vivienda: el factor que multiplica la exclusión
El informe también detalla que dos millones de personas viven en precariedad residencial, convirtiendo la vivienda en el principal factor de desigualdad. Para más de un 13% de la población, pagar el alquiler o la hipoteca es suficiente para caer directamente en pobreza severa. El efecto es especialmente devastador entre los jóvenes, cuya emancipación se retrasa hasta los 30,3 años de media.
Los autores del informe introducen además el concepto de “precariedad subjetiva”. Esto afecta al 17,3% de la población e incluye la incertidumbre laboral, la falta de expectativas y la inseguridad sobre la continuidad del empleo. Como es natural, esto impacta de manera directa en la salud mental de la población.

El dato más alarmante es que el 32,2% de los menores de 18 años vive en exclusión social, más del doble que la población adulta joven y siete veces más que la gente mayor. La tendencia confirma un problema estructural: la pobreza se hereda.
En total, 1,35 millones de catalanes (17%) están en exclusión social. Y según el análisis de la organización, los jóvenes serán la primera generación en décadas que vivirá peor que sus padres, algo que tampoco aparece en la narrativa de éxito que intenta imponer el Govern.
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