
Periodistas de medios catalanes subvencionados darán un curso sobre 'combatir el discurso de odio'
Los usuarios en redes se muestran escépticos: 'lo importante es sentirse chulo'
Desde que la prensa es digital, los periodistas no tienen muy buena fama. El motivo es prosaico y se refiere a que la viabilidad económica de la prensa tradicional es más bien imposible. Sin las subvenciones públicas, muchos medios tendrían un serio problema.
Entre los muchos efectos que esto ha tenido, destacada el ideológico. De un tiempo a esta parte, los periodistas se han arrogado el derecho de tutelar el discurso público en todas sus variantes. Así, casi de repente, aparecieron expresiones como “periodismo de datos”, “discurso de odio”, “desinformación”, etc.
En Cataluña, esta realidad es muy evidente desde que el procesismo instauró esa inconfundible mezcla de nacionalismo y progresismo. Al margen de que, sin una prensa subvencionada, habría sido muy difícil desplegar la estafa del procesismo durante diez años. El caso es que a Cataluña no le faltan periodistas que no venden periódicos pero sí periodismo.

Un "curso"
El último ejemplo nos lo proporciona una nutrida selección de periodistas, antifascistas, expertos en extrema derecha y pequeños medios sin trascendencia. Se trata de una formación ofrecida por la UB y que lleva el diáfano nombre de “Comprender y combatir los discursos de odio y la desinformación en la sociedad actual”.
Entre los participantes, destacan algunas caras conocidas del ecosistema. Sergi Picazo, Jordi Borràs o Sentit Crític, entre otros. El propio Sergi Picazo publicitaba la formación señalando que “todo lo que necesitas saber para que no te manipulen”.
Estos mensajes en redes han tenido una circulación desproporcionada si tenemos en cuenta que son solo el anuncio de una formación. Pero precisamente esa circulación es muy reveladora del clima social que genera esta clase de discurso. Y es que son muchos los usuarios los que ya no comulgan con este discurso.
“A sacar un buen dinero, ¿no?”, “lo importante es sentirse chulo”, “el trabajo de periodista es la más prostituida del mundo actualmente”, dicen algunos. Otros usuarios no solo no critican a las redes, sino que las aplauden. “Suerte de las redes... si no viviríamos en una dictadura comunicativa”, señalan.
En definitiva, el periodismo tradicional vive su agonía por fases, y ahora toca la fase de tutelar la información para compensar la precariedad económica.
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