Un grupo de personas camina por una calle concurrida, con un hombre mirando hacia atrás.
POLÍTICA

Solo el 6% de los inmigrantes que llegaron a España en 2024 lo hicieron por trabajo

Es público y notorio que la inmigración a gran escala afecta a las cuentas públicas y al PIB per cápita

España se ha consolidado como uno de los principales destinos migratorios del mundo, pero la mayoría de quienes llegan al país no lo hacen por motivos laborales. Según el último informe de la OCDE, solo el 6% de los inmigrantes permanentes que llegaron a España en 2024 lo hicieron para trabajar o buscar empleo.

Con 368.000 nuevas llegadas, España fue el quinto país de la OCDE que más inmigrantes recibió, solo por detrás de Estados Unidos, Alemania, Canadá y Reino Unido. Estos cinco países concentraron la mitad de la migración permanente registrada en la organización.

A pesar de que la inmigración total en la OCDE cayó un 4%, España apenas redujo sus cifras un 1,8%, manteniendo niveles históricamente altos. En los últimos cinco años, la inmigración permanente ha aumentado un 50%. El informe subraya que este incremento no responde a un aumento de la inmigración laboral, sino a otros factores, como la reagrupación familiar, los permisos humanitarios o el acceso a estudios universitarios.

Personas con abrigos hacen fila detrás de una valla metálica frente a un edificio con ventanas decoradas con formas geométricas de colores.

La inmigración laboral, en mínimos históricos

Solo 22.000 personas de las que llegaron a España en 2024 con carácter permanente lo hicieron para trabajar. En cambio, el 39% de los nuevos residentes lo hizo por reagrupación familiar, y un 5% por motivos humanitarios. Además, se concedieron 70.000 permisos de residencia a estudiantes internacionales y 55.900 a trabajadores temporales.

La OCDE advierte de que la inmigración laboral ha caído en tres cuartas partes de los países miembros, especialmente en aquellos que habían experimentado picos de entrada tras la pandemia. En España, este retroceso se suma al de países como Alemania o Francia, donde las políticas de entrada laboral se han endurecido.

El resultado es un cambio profundo en la composición migratoria: menos trabajadores cualificados y más inmigración asistencial o dependiente de programas sociales.

Trabajadores de la construcción con chalecos naranjas y cascos blancos realizan tareas en una calle junto a una furgoneta blanca.

Un modelo que genera debate

El informe sitúa a España en una posición paradójica. Por un lado, mantiene una política de entrada abierta que ha elevado el número total de residentes extranjeros a cifras récord. Pero, por otro, la aportación laboral de los nuevos inmigrantes disminuye cada año, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad del modelo.

En términos económicos, la caída del flujo laboral contrasta con la demanda de mano de obra en sectores clave como la agricultura, la hostelería o la construcción. Los expertos alertan de una desconexión entre el tipo de inmigración que llega y las necesidades del mercado laboral español. Aunque el resultado más visible y claro es una reducción estructural del PIB per cápita (sobre todo en economías que, como la española, son poco productivas).

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