Policías con equipo antidisturbios frente a vehículos con luces azules encendidas en una calle iluminada por la noche.
POLÍTICA

Salt, Girona, Lleida, Vic, Mataró, Torelló, L'Hospitalet: adiós a un año negro que ha hundido el relato oficial sobre la seguridad en Cataluña

El Govern de Salvador Illa se ampara en los datos oficiales para decir que Cataluña es hoy un lugar más seguro

La inseguridad ha vuelto a marcar la actualidad política en Cataluña este año 2025. Pese al optimismo del Govern de Salvador Illa por la mejora que muestran los datos oficiales, la percepción de inseguridad no deja de crecer. Esto se debe a que la mejora de los datos se debe al descenso de los delitos menos graves, y muchos ciudadanos ya ni denuncian porque han perdido la fe en el sistema. Por el contrario, se disparan los delitos más graves y se multiplican las zonas donde la autoridad ha perdido el control (no-go).

Dos personas sentadas en una mesa conversando, con documentos y botellas de agua frente a ellos, y una bandera en el fondo.

El mapa de la inseguridad en la región es hoy en día muy preocupante. La violencia se ha desplazado de las grandes ciudades a los pequeños núcleos urbanos y la Cataluña interior. Además, bajan los delitos de baja intensidad lo cual ayuda a maquillar la estadística. Pero se disparan delitos como los homicidios, las violaciones y el tráfico de drogas, propios de países tercermundistas.

De Salt a Mataró: La Cataluña no-go

El primer aviso de la degradación fue en Salt, en marzo, cuando una okupación frustrado derivó en altercados y ataques contra la policía. El protagonista de la okupación era un imán, y provocó la movilización de colectivos prookupación junto a los extranjeros que representan el 38% de la población en Salt. La CUP jaleó desde el Parlament el apedreamiento de policías por parte de los inmigrantes, y los Mossos advirtieron de que Salt es una ciudad perdida y síntoma de lo que está pasando en Cataluña.

Un mes después, otra okupación frustrada derivó en enfrentamientos entre población migrante apoyada por radicales contra la policía. Los altercados se prolongaron durante días, y volvió a dejar el descubierto la connivencia de ciertos sectors políticos y mediáticos con los delincuentes y la izquierda antisistema. Demostró también que la okupación es en muchos casos el desencadenante de la inseguridad. En Mataró, donde hay barrios llenos de inmigración como Cerdanyola, hay un 70% más de okupaciones que la media catalana. Significativamente, en esta ciudad la CUP y los Comuns tienen un 2% y un 7% de apoyo, mientras que es una de las ciudades donde más crece Vox. 

También en abril, una batalla acampal acabó con varios policías heridos en el barrio de La Mariola, en Lérida. Ese episodio recordó al del barrio Font de la Pòlvora en Gerona, el año pasado, y reveló el fenómeno de las zonas no-go. Se trata de barrios abandonados por las instituciones, que hace años que sufren un proceso imaparable de degradación y donde ya no rige la autoridad. El episodio de violencia provocó una concentración histórica de policías contra la inseguridad, que reveló una realidad preocupante: en 2024 se registraron 2.550 ataques a agentes de la autoridad en Cataluña, lo que supone un incremento del 47% respecto a 2020.

Multirreincidencia y protestas vecinales

Otro fenómeno que ha estallado este 2025 es el de la multirreincidencia, que ha hecho estragos en ciudades importantes como Barcelona, Gerona y Lérida. Pero también en municipios más pequeños. Esto ha provocado la rebelión de los alcaldes de Junts, que promovieron una reforma del código penal en el Congreso de los Diputados para endurecer las penas a los multirreincidentes.

El aumento de la delincuencia provocó un estallido social en Torelló, donde un grupo de jóvenes tenía atemorizado al vecindario. La difusión en los medios del audio de una llamada a la policía fue el detonante de la protesta vecinal, que se materializó en una espectacular bronca en el pleno municipal. Recriminaron al Govern de ERC que no haga nada para la seguridad mientras se gastan millonadas en chringuitos y despilfarro ideológico. 

Las protestas vecinales se reprodujeron también en barrios y ciudades del cinturón metropolitano como Sants-Montjüic, Bellvitge y Esplugues. La de L'Hospitalet fue especialmente concurrida y marcó un antes y un después del hartazgo de la población hacia este problema y la gestión de los partidos que gobiernan. En la manifestación varios vecinos reconocieron que antes votaban a ERC o al PSC pero que en las próximas elecciones votarán a Vox y Aliança Catalana. 

El hundimiento del relato oficial

El abandono institucional hacia estos barrios ha hecho también que se multipliquen las llamadas patrullas ciudadanas. Se trata de grupos de vecinos que se organizan para defenderse de los delincuentes que atacan sobre todo a menores y ancianos o personas vulnerables. A su vez, estas patrullas ciudadanas son criminalizadas por los gobernantes, que califican de extrema derecha cualquier señalamiento de la inseguridad o iniciativa para defenderse de ella.

Un grupo de policías con chalecos reflectantes y cascos blancos está en una calle junto a motocicletas mientras una persona está sentada en el suelo.

Un caso paradigmático de lo que está pasando en Cataluña es Vic, donde los robos se dispararon un 68% y las agresiones sexuales un 200%. En este municipio, la concejal de seguridad dice que los ladrones roban porque la ciudad es rica, y el alcalde ha pasado de negar el auge de la delincuencia a pedir ayuda a la Generalitat. Algo similar a lo que pasa en ciudades de interior como Manresa o Olot. 

En definitiva, los datos oficiales del Ministerio del Interior muestran una tendencia a la baja de la criminalidad que permite al Govern Illa sacar pecho y decir que "quien la hace la paga". Pero los delitos más graves siguen al alza y esto aumenta la percepción de inseguridad en las calles de Cataluña. Algo que la propia Consejería de Interior reconoce en chats internos, y que ya está pasando factura en las encuestas.

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