
¿Qué pretenden los Comuns con Ada Colau? La confusa estrategia de un partido sin rumbo
La izquierda woke venderá el frente amplio 'progresista' para maquillar la realidad de fondo: su decadencia electoral
El espacio de los Comuns atraviesa una crisis silenciosa pero profunda. Lo que nació como un movimiento ciudadano se ha convertido en una formación dependiente de una figura que no logra abandonar el escenario. Ada Colau sigue siendo el epicentro de la política de los Comuns, incluso cuando dice apartarse. El problema es que su figura eclipsa, divide y condiciona cualquier intento de renovación.
A falta de política, siempre quedará el activismo
Tras su aventura mediática en la Flotilla hacia Gaza, Colau ha recuperado protagonismo público y presencia en medios. Lo ha hecho con la teatralidad habitual que la acompaña desde sus días en la PAH: relatos de resistencia, lágrimas ante cámaras y apelaciones morales contra los poderosos. La operación mediática surtió efecto, y la exalcaldesa volvió al centro de la conversación justo cuando los Comuns preparaban su maquinaria electoral para 2027.

La jugada encaja en un patrón ya conocido. Cuando la figura política se desgasta, Colau recurre al activismo; cuando el activismo se agota, reaparece en el debate político. Esa frontera difusa entre la acción ciudadana y la política profesional le permite mantener relevancia sin asumir responsabilidades.
Los Comuns, por su parte, parecen resignados a vivir en esa ambigüedad, sin proyecto sólido más allá de la defensa de su propio relato moral. Porque no hay que olvidar - y esto es esencial - que los Comuns están en su peor momento electoral. Es más, toda la izquierda woke-soberanista observa su ocaso político.
Un partido sin brújula ni liderazgo claro
Barcelona en Comú ha iniciado el proceso para encontrar candidato a la alcaldía de Barcelona, pero todo indica que sin Colau carece de identidad. El partido convocará primarias a finales de 2025, con vistas a las municipales de 2027, pero ninguna figura logra llenar su vacío. Entre los posibles aspirantes suenan nombres como Gerardo Pisarello o el ministro Ernest Urtasun, aunque ninguno despierta el magnetismo político de la exalcaldesa.
Oficialmente, Colau ha descartado volver a presentarse. Pero el propio partido modificó su código ético para que pudiera hacerlo, ampliando el límite de mandatos a doce años consecutivos. La maniobra alimentó el ruido interno y reforzó la percepción de que todo en los Comuns sigue girando en torno a ella.

La dirección intenta proyectar una imagen de liderazgo coral y cooperativo, pero los hechos revelan lo contrario. Desde su origen, los Comuns han funcionado como un instrumento político al servicio de la figura caudillista de Ada Colau, igual que Podemos con Pablo Iglesias. El espacio nació para llevarla al Ayuntamiento de Barcelona y ahora se enfrenta al dilema de sobrevivir sin su icono más potente.
La apuesta por un “frente amplio”
La nueva bandera de Colau es la creación de un frente amplio de izquierdas que agrupe a las fuerzas progresistas catalanas. Lo presentó en la Escuela de Formación Política 2025 de su fundación, Sentit Comú, donde acusó a Junts de “comprar la agenda y la narrativa de Aliança Catalana”. Su discurso combinó el tono mesiánico con una propuesta política: unir a todas las izquierdas para frenar a la derecha y a la extrema derecha.
Esa idea de un “frente amplio” no es nueva, pero en el contexto actual adquiere un significado más personal. Colau busca un nuevo espacio desde el que liderar sin pasar por las urnas municipales. Podría hacerlo a través de su fundación, en el ámbito catalán o incluso en la política estatal. Su ambición encaja con un clima de repliegue y reordenación en la izquierda, donde figuras como Gabriel Rufián también hablan de la necesidad de una alianza progresista.
La apuesta tiene, sin embargo, un problema evidente: Colau no es vista como una figura de consenso. Su desgaste en Barcelona es notable, y su imagen de liderazgo vertical choca con la idea de un espacio cooperativo. Pero sin ella, los Comuns parecen desorientados. Su marca se ha diluido en el Parlamento, su peso municipal se reduce, y su conexión con la calle es cada vez más débil. Tampoco hay que olvidar que partidos como los Comuns representan franjas sociales de clase-media alta muy concretas y poco transversales.

El dilema de fondo: Colau o la nada
El futuro de los Comuns depende de resolver un dilema que ellos mismos crearon. Con Ada Colau, el partido sigue atrapado en el personalismo y el populismo que le dieron identidad. Sin ella, corre el riesgo de desaparecer. La contradicción es estructural: su fuerza y su debilidad son la misma persona.
Por eso, cada gesto de Colau - desde la Flotilla hasta sus intervenciones públicas - tiene un cálculo político. Sin perjuicio, claro, de que todo se vista con el habitual mesianismo moral del que cada vez representa a menos electores. Mientras tanto, la dirección busca candidatos, pactos y estructuras que den sentido a un proyecto que ya no sabe a quién representa.
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