Dos personas sonríen y posan juntas, una de ellas hace el signo de la victoria con la mano, mientras varias personas se ven al fondo en un ambiente interior.
POLÍTICA

Todo según lo previsto: Ada Colau inicia el show mediático apenas aterrizar en Barcelona

Después de situarse en el centro de la agenda mediática, ahora toca traducir esa atención en protagonismo electoral

El regreso de Ada Colau a Barcelona tras su participación en la Flotilla marca el último acto de un espectáculo político cuidadosamente planificado. Apenas aterrizó en el aeropuerto de El Prat, la exalcaldesa de Barcelona reapareció ante una multitud de cámaras, micrófonos y simpatizantes. Allí ofreció las primeras declaraciones sobre su detención en Israel, en un tono dramático y cargado de simbolismo.

Colau, que viajaba junto a otros activistas, aseguró haber sufrido “malos tratos arbitrarios” durante su detención en la prisión israelí de Saharonim. Vestida con la ropa proporcionada en el centro de internamiento, denunció un supuesto “secuestro ilegal en aguas internacionales”. De paso, calificó a Israel de “Estado fascista”.

Sin embargo, más allá de las declaraciones, lo evidente es que la Flotilla, desde su origen, tenía un objetivo eminentemente mediático. Tras la interceptación por parte de las autoridades israelíes y la posterior deportación de sus integrantes, el foco del relato vuelve ahora a Cataluña. Con esta maniobra, Colau y sus aliados buscan mantener viva la atención pública para, eventualmente, traducirla en atención electoral.

La Global Sumud Flotilla vuelve a partir desde el Puerto de Barcelona, a 1 de septiembre de 20256, en Barcelona (España).

Una operación mediática (que sale bien)

La Flotilla no tenía como prioridad la ayuda humanitaria, sino la visibilidad política. La principal y única razón para ello es que, desde un inicio, era evidente que iban a detener los barcos. Es decir, que si querían haber ayudado con recursos humanitarios, lo habrían hecho de otra manera.

Además, el grupo estaba formado por personajes muy conocidos del activismo, como Colau o Thunberg. Esto es esencial. Sin figuras mediáticas que disparen la polarización, la Flotilla no habría adquirido la presencia mediática que deseaba.

El propio desarrollo de los acontecimientos confirma el guion previsto: interceptación, detención, denuncias de maltrato y, finalmente, cámaras. En el caso de Barcelona, la bienvenida estuvo acompañada por unos 200 simpatizantes. Entre ellos, dirigentes de los comunes como Jéssica Albiach y David Cid, y representantes de ERC como Oriol Junqueras y Elisenda Alamany.

Manifestación con una bandera palestina y un cartel que muestra a una persona tras las rejas con la palabra terrorista

Entre la performance y la política real

Mientras la izquierda mediática y gubernamental amplifica el relato de la “resistencia civil”, la política internacional sigue otro ritmo. Israel y Trump buscan un plan de paz y, por ahora, la presión está en lo que diga Hamás. En ese contexto, la Flotilla apenas ha tenido relevancia real más allá del ruido mediático.

Pero si algo demuestra este nuevo capítulo es la capacidad de ciertos sectores políticos para convertir cualquier causa en una herramienta de propaganda. Ada Colau, fiel a su estilo, ha regresado a Barcelona transformando su viaje en un escenario de denuncia y emoción. Todo según lo previsto.

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