Donald Trump sentado mirando hacia atrás mientras sostiene una carpeta con un decreto que acaba de firmar
POLÍTICA

Por qué la izquierda catalana se opone al plan de paz de Trump en Gaza

Se acabó el show de la izquierda: la política real barre al activismo y anuncia la paz en Oriente Medio

El anuncio del plan de paz impulsado por Donald Trump entre Israel y Hamás ya está aquí. El acuerdo, que prevé la liberación de los rehenes, la retirada gradual de las tropas y la entrada de ayuda humanitaria, ha sido recibido como una gran noticia. Esto significa que se pone al fin al espectáculo mediático que ha montado la izquierda para capitalizar este conflicto. 

Una agenda construida sobre el conflicto

Durante meses, la izquierda catalana ha convertido el conflicto de Gaza en un instrumento de movilización ideológica y electoral. Manifestaciones, mociones municipales y campañas en redes se han articulado en torno a un relato emocional en el que Israel representaba el mal absoluto y la causa palestina una identidad política propia. La paz real desactiva esa narrativa y, con ella, buena parte de la maquinaria propagandística que se había construido alrededor.

El caso de la Flotilla es paradigmático. Lo que se presentó como una misión humanitaria acabó revelándose como una operación mediática diseñada para alimentar el discurso progresista. En ella participaron activistas como Ada Colau, Greta Thunberg y Hanan Alcalde, más conocida como “Barbie Gaza”, que ya anda por los platós. Sus declaraciones negando las violaciones del 7 de octubre provocaron un escándalo que, lejos de reforzar su causa, evidenció el deterioro moral de ese activismo.

La exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a su llegada al Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, a 5 de octubre de 2025, en Barcelona.

Frente a ese tipo de gestos, el acuerdo de Trump representa la política real: diplomacia, negociación y compromisos verificables. Mientras la izquierda catalana sigue instalada en la retórica del boicot, Estados Unidos, Israel, Egipto y Qatar han trabajado discretamente para lograr un alto el fuego y la liberación de los rehenes. La comparación es incómoda, porque deja al descubierto la brecha entre los gestos simbólicos y los resultados tangibles.

De hecho, es suficiente con repasar los perfiles en redes de partidos como la CUP o los Comuns, así como sus voces más distintivas. Hasta el momento, su silencio sobre este acuerdo de paz es atronador. Ni un comentario, ni una felicitación, aunque, en las calles de Gaza, ya hayan empezado las celebraciones. 

Barcos atracados en un puerto decorados con numerosas banderas palestinas y algunas personas caminando por el muelle en un día soleado.

El contraste entre la política y el espectáculo

Trump, Netanyahu y los mediadores árabes han hecho en pocas semanas lo que la izquierda lleva meses evitando: asumir la complejidad del conflicto y buscar soluciones. El plan puede ser imperfecto, pero es concreto y tiene resultados. Para la izquierda catalana, en cambio, el problema es que una paz impulsada por Trump desmonta su discurso y cierra el grifo del combustible mediático.

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