Vista panorámica de un barrio urbano densamente poblado con numerosos edificios de diferentes alturas y fachadas de ladrillo y colores variados
POLÍTICA

Pobreza extrema, servicios saturados e infraestructuras tercermundistas: Cataluña, de la 'prosperidad compartida' al colapso

El descontento social aumenta porque la calidad de vida empeora mientras los políticos se enriquecen y derrochan el dinero público

En el último debate de política general, en octubre de 2025, el Presidente de la Generalitat, Salvador Illa, hizo un discurso triunfalista basado en los supuestos éxitos económicos de su gobierno. Illa recurrió a los datos macroeconómicos para mostrar una imagen superficial de Cataluña que esconde una realidad mucho más profunda. Según los últimos índices de pobreza, Cataluña se acerca más a Rumanía y Bulgaria que a Dinamarca o Finlandia.

Personas sentadas en un hemiciclo durante una sesión parlamentaria.

El riesgo de pobreza extrema aumentó casi un punto en 2025 hasta el 24,8%, mientras que la pobreza en los hogares con hijos se disparó más de dos puntos, hasta el 30,8%. El índice de pobreza es el ejemplo más fiel de la decadencia de Cataluña, pero no el único.

A la escasez material hay que añadir la saturación de los servicios públicos, la degradación de la seguridad y el colapso de unas infraestructuras tercermundistas. La crisis de Rodalies ha sacado a relucir las vergüenzas de una región que ha pasado de la prosperidad al atraso en cuestión de años. Pero no son solo los trenes, sino también las autopistas, como los continuos cortes y accidentes en la AP-7, así como la movilidad en general. 

Corrupción, despilfarro y subvenciones

Al colapso de las infraestructuras podría añadirse el aumento de las listas de espera, el colapso de las urgencias y la atención primaria, el fracaso escolar, los barracones escolares o el atasco de las ayudas a la dependencia. En Cataluña el descontento social va en aumento porque los servicios empeoran mientras la clase política se enriquece y saltan escándalos de corrupción y derroche de dinero público.

Aquí hay que mencionar el último presupuesto del Parlament, aprobado hace escasos días, que aumenta hasta más de 1,5 millones el dinero destinado a salarios y a 1,2 millones el complemento de productividad que nadie sabe exactamente por qué criterios se rige. También hay que señalar los casos de corrupción como la DGAIA, cifrado en 167 millones, y el despilfarro de 37,5 millones en cooperación exterior. 

Un grupo de personas camina en fila junto a las vías del tren, al lado de un tren detenido.

Así mismo, cabría mencionar las subvenciones a medios de comunicación y entidades amigas de los partidos del gobierno. O el incremento de las ayudas y prestaciones sociales sin controles en el empadronamiento mientras la administración fríe a impuestos a la clase media. Todo esto junto transmite la sensación de que la Cataluña de quienes trabajan y se esfuerzan está al servicio de la Cataluña subvencionada.   

Un dato que ayuda a entender todo esto es que Cataluña lidera desde hace años la fuga de cerebros. Son según las estimaciones 20.000 doctorados y científicos que se marchan de aquí porque no hay plazas o porque los gobiernos no les pueden garantizar la prosperidad de otros países. Así es como Cataluña ha pasado de tierra de oportunidades a un territorio fallido donde se exporta talento y se importan trabajadores poco calificados.

Crisis de vivienda y sector primario

Esta decadencia ha sido el resultado de políticas de izquierda fallidas que han aplicado los sucesivos gobiernos en las últimas dos décadas. Un buen ejemplo es la destrucción del mercado de la vivienda en manos del PSC, ERC, los Comuns y la CUP. Lejos de rectificar, el actual gobierno del PSC persiste en la obsesión reguladora y la inseguridad jurídica que destruye la oferta mientras aumenta la demanda por la saturación demográfica y sigue sin construirse nueva vivienda. 

Salvador Illa y Pere Aragonès posan juntos frente a una pared de piedra.

La decadencia de Cataluña se ve también en la crisis del sector primario, al borde de su desaparición por las políticas globalistas de la UE. El tratado de Mercosur recién aprobado condena a los agricultores a competir en desigualdad con productos importados de terceros países a un precio más bajo y sin controles de calidad. Mientras, en Bruselas limitan cada vez más los días para pescar aduciendo una supuesta destrucción del fondo marino que los científicos ponen en duda. Bruselas también te dice que no puedes entrar con tu coche en el centro de las ciudades porque contamina mientras tus políticos y activistas climáticos viajan en avión a decenas de miles de kilómetros para salvar el planeta.

Todo esto aumenta la indignación de los catalanes, que se expresa en las movilizaciones de sectores como el campo, los médicos, los profesores y los usuarios de Rodalies. También con un vuelco ideológico que hunde a los partidos de la izquierda y dispara a los partidos antiestablishment como Vox y Aliança Catalana. Una realidad que los gobiernos ya no pueden esconder, ni con prensa subvencionada ni con cordones sanitarios.

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