
Otra de Carles Puigdemont: ahora medita la reconciliación tras el gesto de Pedro Sánchez
Junts no tiene más remedio que tragar con todo hasta que Puigdemont pueda volver a Cataluña
Carles Puigdemont vuelve a situarse en el centro del tablero después de que Pedro Sánchez haya reconocido públicamente “incumplimientos y retrasos”. El presidente ha anunciado un paquete de medidas económicas que recuperan demandas ya formuladas por los procesistas. El movimiento, pactado discretamente en las últimas horas, forma parte de una ofensiva diseñada para abrir la puerta a la reconciliación.
Sánchez ha cambiado su relato. Durante semanas negó cualquier crisis con Junts, pero ahora asume que la situación es “grave”. También ha admitido que Moncloa no ha cumplido lo firmado, algo que Junts llevaba meses diciendo sin éxito. Este viraje coincide con un aumento de gestiones discretas, entre ellas las atribuidas a José Luis Rodríguez Zapatero.
Puigdemont juega al silencio, pero todos esperan que ceda
Mientras Sánchez se exhibe en medios catalanes en entrevistas encadenadas, Carles Puigdemont mantiene un silencio calculado. Desde Junts trasladan escepticismo y exigencia de garantías, pero evitan cerrar la puerta. Pese a ello, todo apunta a que el espacio de Puigdemont terminará recogiendo el guante del PSOE.

El contraste es llamativo. Hace apenas un mes, Junts anunció su ruptura con Sánchez, y consumó el distanciamiento votando contra los objetivos de déficit en el Congreso. Pero ni entonces se atrevió a ir más allá.
El partido ha rechazado sumarse a una moción de censura con el PP y Vox, y eso mantiene a Sánchez políticamente a salvo. La escena demuestra la debilidad del farol de Junts: cuando la jugada exige consecuencias reales, el partido no cruza ninguna línea.
Sánchez asume el engaño… y aun así consigue ventaja
El segundo elemento que marca esta nueva fase es que Sánchez, por primera vez, admite lo que Junts ha evitado reconocer en voz alta: que firmaron un acuerdo vacío. El presidente español reconoce que no se ha cumplido lo más importante, pero aun así confía en reconducir la relación. Su intención es reactivar los Acords de Brussel·les para volver a gobernar con mayoría variable.
El PSOE se mueve con comodidad en este escenario. Da pasos menores, promete avances, gana tiempo y mantiene la legislatura viva. La reacción de Moncloa demuestra que el Gobierno no teme los amagos de Puigdemont. Sabe que Junts tiene rotos los puentes con el PSOE y el PP al mismo tiempo.

Junts, atrapado entre la presión interna y la dependencia del PSOE
El Govern catalán ya ha celebrado el movimiento del presidente español. Sílvia Paneque ha pedido a Junts que supere el “partidismo” y se reincorpore al bloque de investidura. Mientras tanto, la organización de Puigdemont insiste en que no se fía del PSOE, pero tampoco rompe de manera definitiva.
La situación vuelve a ser la misma. Puigdemont eleva la tensión, amenaza con romper, busca exhibir firmeza… y, después, evalúa cómo volver al redil sin quedar en evidencia. Es una dinámica repetida durante años: amagos, silencios, mensajes crípticos y rectificaciones discretas.
Al final, la utilidad política del farol se la queda Sánchez, que exhibe autoridad, admite errores sin coste y vuelve a marcar el tempo de la relación. Junts, pese a su retórica, acaba acumulando desgaste. Y Puigdemont, otra vez, parece dispuesto a pasar página sin haber obtenido los resultados que él mismo prometió.
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