
Ni el PSC se toma ya en serio los tics procesistas de Junts
En Junts huyen del pragmatismo porque no saben qué hacer con la figura mesiánica de Puigdemont
En vistas de que Junts no sabe hacer de Aliança Catalana, ha optado por hacer de Junts. En consecuencia, su primer gesto ha sido tirar de procesismo clásico y hablar de hacer referéndum. Si no fuera porque Junts tiene un problema electoral de primer orden, la situación sería incluso hasta cómica.
Y es que, después del fin de la mayoría indepe en el Parlament y el evidente colapso del procesismo, Junts sigue usando herramientas procesistas. Ayer, en el debate de política general en el Parlament, los de Puigdemont planteaban negociar un referéndum. El PSC votaba en contra, pero, antes, votaba a favor del preámbulo del Acuerdo de Bruselas, que reconoce la existencia de un conflicto político.
Este “acuerdo” de Bruselas no es otra cosa que una colección de procesismo simbólico. En él se habla de la prehistoria procesista con acontecimientos como la consulta del 9-N. Del mismo modo, se habla de represión policial, judicial, etc. Es decir, la misma “represión” que Sánchez apoyó cuando el presidente Rajoy estaba en Moncloa.

El enorme confort de Salvador Illa
La jugada del PSC merece una mención aparte. Como viene siendo habitual, los socialistas no tienen ningún problema en tolerar toda clase de cosas etéreas sobre el conflicto político, mesas de diálogo, etc. De todo eso, los socialistas solo quieren obtener algunas pequeñas concesiones clave, como que Junts mantenga a Sánchez en Moncloa.
Lo sorprendente del caso es que Junts se presta sistemáticamente a esta estrategia, que a un nivel electoral les supone una verdadera sangría. Pero, como es público y notorio, Junts es la plataforma personal de Puigdemont para conseguir la amnistía. Por si fuera poco, esta maniobra del PSOE ha servido para que el PSC desplume al procesismo en Cataluña.
Así mismo, esto sitúa al presidente Illa en una posición muy cómoda por dos motivos. El primero es que el PSC ha instalado (y le ha funcionado) la retórica de la reconciliación en Cataluña. El segundo es que le sale gratis dosificar las dosis de procesismo que pide Junts, que, en cualquier caso, no tumbará a Sánchez en Madrid.

En Junts huyen del pragmatismo porque no saben qué hacer con Puigdemont
Por todo ello, es altamente probable que ni Salvador Illa se tome del todo en serio a Junts aunque su rigor institucional sea perfecto. Y es que es evidente para todo el mundo que los de Puigdemont no saben ni cómo resolver los tres frentes que tienen abiertos. Hablamos de procesismo, derechización para competir con AC y amnistía. Por ahora, este cóctel solo se lo beben (y obligados) dentro del partido.
Los socialistas, por el contrario, tienen como objetivo principal llegar al poder y mantenerlo. Y a la Moncloa se le ha sumado en poco tiempo el Ayuntamiento de Barcelona, otros muchos municipios, Diputaciones y Palau. Mientras tanto, Junts se descapitaliza sin remedio.
Y no será porque en Junts no tuvieran voces pragmáticas. El exconsejero Giró, que recientemente abandonó el partido, ya advertía de dos cosas fundamentales. Una: que Junts no tenía que perder cotas de poder institucional. Dos: que Sánchez juega con varias barajas y solo él sabe cuántas cartas hay encima de la mesa. A pesar de todo, Junts, ahí está, sentado en la mesa de póquer.
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