Personas marchando de noche con pancartas moradas que dicen "Di no a la violencia contra las mujeres", "Ante la violencia de género no te calles" e "Igualdad sin violencia".
POLÍTICA

Los datos que desmontan el relato de la izquierda woke: se disparan las agresiones sexuales, no solo las denuncias

No son percepciones o categorías jurídicas: los sanitarios avisan de una realidad diaria 'estremecedora'

Durante años, una parte de la izquierda ha defendido que el aumento de casos de violencia sexual se explica únicamente por un crecimiento de las denuncias. Es el relato que atribuye el incremento a una mayor conciencia social fruto de campañas institucionales. A pesar de que nadie niega esto, los datos presentados por el Hospital Clínic de Barcelona muestran un aumento real de agresiones, incluidos los casos de violación.

El Clínic atendió 665 víctimas de violencia sexual entre enero y octubre, lo que supone dos personas al día entrando por la puerta de urgencias por una agresión. Las responsables de la comisión de violencia del hospital calificaron la situación como “un problema de salud pública” ante un incremento sostenido de casos. La cifra supone un 6,5% más que el año anterior, lo que evidencia una tendencia que no puede explicarse solo por un mayor número de denuncias.

Pero el dato más contundente está en las violaciones. Según el hospital, este tipo de agresión ya representa el 65% de todos los casos atendidos, frente al 58% del año pasado. Hablamos de 365 violaciones atendidas en diez meses, un aumento notable respecto a las 315 del mismo periodo de 2024 y muy por encima de las cifras registradas en 2022 y 2023. La progresión es constante y confirma que la violencia sexual más grave está creciendo.

Dos manos formando un triángulo con los dedos frente a una luz roja desenfocada y banderas moradas de fondo

Un fenómeno que no se limita a la estadística judicial

La narrativa que insiste en que “no hay más violaciones, solo más denuncias” queda desmontada cuando son los hospitales —no los jueces— quienes alertan del incremento. Los datos del Clínic se basan en víctimas atendidas físicamente, no en formularios policiales. Este matiz es esencial, porque muestra la dimensión real del problema sin el filtro de la voluntad de denunciar.

Además, el propio hospital señala que tres de cada diez mujeres atendidas no quieren denunciar y otro 28% ni siquiera puede pensarlo en ese momento. Solo un 32% muestra intención clara de acudir a la policía. Esto quiere decir que, incluso con tasas bajas de denuncia, las atenciones médicas suben. Si la conciencia fuera la única variable, las denuncias crecerían más que las agresiones registradas en urgencias, y aquí está ocurriendo lo contrario.

El contexto tampoco invita al optimismo. Más de la mitad de las agresiones se producen en el domicilio, un espacio que debería ser seguro y que, según el Clínic, concentra el 57% de los casos. La violencia no se limita a la calle ni a situaciones de ocio nocturno, que además han disminuido ligeramente. El problema está penetrando en el ámbito privado y plantea retos nuevos para la prevención y la detección precoz.

Una tendencia que obliga a revisar discursos y políticas públicas

Los datos del Clínic no aparecen aislados, sino insertos en una tendencia que distintos estudios y balances policiales confirman año tras año. Las agresiones sexuales aumentan en número, gravedad y recurrencia. No basta con atribuirlo a campañas o conciencia social, porque la estadística médica apunta en dirección contraria. Hay más mujeres violadas, más víctimas atendidas y más casos graves.

Este escenario exige revisar discursos que durante años han minimizado la evolución real de la violencia sexual. La narrativa que reduce todo a “percepciones”, “estigmas” o “efectos de la concienciación” ya no aguanta el contraste con la evidencia empírica. La situación, según los profesionales del hospital, es “estremecedora” y requiere políticas que entiendan la dimensión del fenómeno sin autoengaños ideológicos.

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