
Los vigilantes de seguridad se plantan ante el aumento de las agresiones en el metro de Barcelona
Se movilizarán frente al Parlament para pedir más seguridad y más medios
El metro es una de las zonas más inseguras de Barcelona debido a la multiplicación de los robos y las agresiones en los últimos años. Es un reflejo más de la degradación de la ciudad tras años de políticas buenistas y abandono institucional. Una muestra de lo que ocurre es la situación de los vigilantes de seguridad en el metro, que se movilizarán este próximo miércoles 3 de diciembre en las puertas del Parlament.
Los vigilantes del metro llevan tiempo reclamando más medios y mejores condiciones laborales para hacer frente al aumento de la delincuencia. Entre otras reivindicaciones, piden ser reconocidos como agentes de la autoridad con competencias para actuar con más contundencia.

El hartazgo de estos empleados viene sobre todo por el aumento tanto del número de agresiones como de la violencia empleada. El último episodio, hace una semana, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Un grupo de jóvenes armados agredió violentamente a un vigilante provocándole una herida en la cabeza que necesitó doce puntos de sutura.
Hartos de ser el blanco de las agresiones sin medios ni competencias para defenderse, el próximo 3 de diciembre se concentrarán ante el Parlament. Reclamarán el refuerzo de la plantilla, protocolos claros ante las agresiones y mejores condiciones labores. Condiciones que van desde mejores salarios a más medio y mayor reconocimiento de sus funciones.
No son reconocidos como agentes de la autoridad
El episodio del pasado 23 de noviembre ilustra perfectamente la situación de indefensión de este colectivo. Los vigilantes se vieron sobrepasados por una turba de jóvenes violentos, hasta el punto de tener que encerrarse en una zona segura.
El caso más grave fue la agresión de un vigilante de seguridad que perdió un ojo en la L4 del metro de Barcelona, el pasado mes de enero. Las movilizaciones y las huelgas se han sucedido en los últimos meses sin que haya habido cambios significativos, y los vigilantes ya están hartos.
La indefensión del colectivo parte de la negativa de los políticos a reconocer a estos trabajadores como agentes de la autoridad. Es una consecuencia más de la fobia a la autoridad y el enfoque buenista de la seguridad que ha imperado durante años en Cataluña. Para los partidos políticos que han gobernado durante años, hay que priorizar los derechos de los delincuentes y emplear la violencia mínima.
Como ocurre en otros espacios, estos ha creado un espacio de impunidad en el metro que es aprovechado por los delincuentes para actuar. Cuando los ciudadanos se organizan para defenderse de la violencia ante la ausencia de autoridad, son criminalizados y tildados de extrema derecha. Luego hay algunos que aún se extrañan del vuelco político que está ocurriendo en Cataluña.
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