
El juego político de Junts: no a Sánchez e Illa, pero sí al PSC en Tarragona y Lérida
Junts mantiene 60 pactos municipales con los socialistas pese a la ruptura con Pedro Sánchez
Junts sigue mostrando una errática estrategia de pactos con los socialistas. Por un lado rompen con el PSOE en Madrid y se distancian del PSC en el Parlament, pero por otro pactan los presupuestos en los ayuntamientos socialistas de Lérida y Tarragona. Este acercamiento al PSC en la política local tiene que ver con un giro pragmático para romper su aislamiento y recuperar capacidad de influencia en el territorio.

Aunque Junts rechazó entrar en el gobierno de Rubén Viñuales en Tarragona, se ha consolidado como su socio más fiable. Los juntaires llegaron a un acuerdo para los presupuestos municipales de 2026 con un PSC que acababa de aprobar la política de vivienda con los Comuns. El ayuntamiento de Tarragona se convierte así en un oasis sociovergente en plena crisis de las relaciones entre Puigdemont y Sánchez e Illa.
El otro banco de pruebas es Lérida, donde Junts también aprobará las ordenanzas fiscales de Félix Larrosa como ya hicieron el año pasado. La pregunta es, ¿por qué Junts y PSC sí se entienden en estas alcaldías pero no en Moncloa o en la Generalitat?
Entre la necesidad de recuperar influencia y el peligro de perder credibilidad
La respuesta en el tacticismo político que ha llevado a Junts a una estrategia errática responsable, en buena medida, de su declive electoral. El acercamiento al PSC en los territorios es clave para revertir la catastrófica estrategia de pactos que llevó el partido al aislamiento en junio de 2023, tras las elecciones municipales. Las secciones locales de Junts en Tarragona y Lérida fueron precisamente las primeras en rebelarse contra la dirección por aquellos pactos postelectorales.
La posición maximalista de la dirección encabezada por Jordi Turull dejó a Junts sin alcaldías relevantes ni presencia en las diputaciones. Para más inri, dejaron vía libre para que ERC entrase en las principales estructuras de poder de la mano del PSC.

Junts ha acabado sin alcaldías ni diputaciones, fuera del gobierno de Barcelona, en la oposición en el Parlamento, y socio preferencial de un Gobierno central que no ha cumplido nada de los acuerdos de Bruselas. A menos de dos años para las elecciones municipales, la dirección quiere rectificar el error y volver a ser una fuerza influyente. Lo cual empieza por revertir los pactos municipales.
El acerciamiento al PSC puede satisfacer a las secciones locales que vuelven a recuperar influencia, pero también envía un mensaje errático a las bases. Junts está marcando un perfil intransigente con PSOE y PSC, a quienes acusa de llevar a cabo un plan de desnacionalización de Cataluña. Pero mientras hace el cordón sanitario a Aliança Catalana se entiende con los socialistas en alcaldías relevantes.
Junts se ve atrapado entre la necesidad de recuperar influencia y el peligro de perder credibilidad. Esto explica por qué el PSC ha mantenido los 60 pactos territoriales con el PSC a pesar de romper con Pedro Sánchez. Y también por qué Puigdemont pierde cada vez más votantes.
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