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POLÍTICA

Gran parte de la prensa oculta un ataque yihadista en Madrid cometido el pasado fin de semana

España todavía mantiene el nivel alto (4 sobre de 5) de alerta antiterrorista

El ataque ocurrido el sábado en Vallecas, en el que un joven armado con un cuchillo intentó matar a varias personas mientras gritaba “Alá es grande”, ha sido tratado por parte de la prensa con un silencio llamativo. Los hechos encajan de manera evidente en un patrón de radicalización islamista. Pero numerosos medios han optado por minimizar el suceso, ocultar datos esenciales o desplazar el foco hacia una supuesta “alteración mental” del agresor.

Según el atestado policial del caso, adelantado por El Español, el presunto atacante, identificado como Mohamed A.K.B, confesó a su madre que “su misión era matar a cristianos y que debía purificarse”. Es una declaración propia de un proceso de radicalización yihadista, que además coincide con su comportamiento durante el ataque: hablaba en árabe, recitaba versos del Corán y pronunció “Allahu Akbar” antes de abalanzarse contra los agentes.

Aun así, varios medios han optado por borrar estos elementos, como si fueran detalles irrelevantes. En el caso de la prensa catalana, el apagón informativo ha sido total: ni siquiera para informar de los hechos. Pero lo cierto es que la Audiencia Nacional ya investiga lo sucedido como posible ataque yihadista, como sí ha adelantado El País.

Cordón del Cuerpo de Policía Nacional que indica 'no pasar' con un coche del cuerpo de fondo

El patrón mediático que ya vimos en Reino Unido y Alemania

El episodio reproduce un esquema cada vez más frecuente en Europa occidental. Tras atentados o ataques vinculados al islamismo radical, una parte de los medios reorienta el relato hacia factores como la salud mental, la exclusión social o el consumo de drogas. Es una estrategia que evita el término “yihadismo” y que reduce cualquier motivación religiosa a un elemento secundario. En países como Reino Unido y Alemania este patrón está documentado desde hace años.

En este caso, la secuencia es inequívoca. Antes de atrincherarse en su vivienda, Mohamed habría intentado apuñalar a tres personas en la calle. Después atacó a los agentes que acudieron al domicilio alertados por su propio hermano. Las unidades del SOAR tuvieron que intervenir y finalmente lo redujeron a tiros para evitar un desenlace fatal.

Lo significativo no es solo lo que se dice, sino lo que se omite. Nunca se explica que los vecinos convivían desde hacía tiempo con episodios de violencia y que la familia ya había manifestado preocupación por su comportamiento. Tampoco se destaca que la investigación recae en la Audiencia Nacional porque hay indicios claros de terrorismo.

Plano medio de un presunto terrorista yihadista con el rostro cubierto por una capucha siendo detenido por la Guardia Civil y con las esposas puestas

Un apagón informativo que distorsiona el debate público

El resultado es una desinformación funcional que condiciona la opinión pública. Si el ataque se reduce a un caso aislado de desórdenes, desaparece la dimensión real del problema. Y si se evita mencionar el perfil del agresor, se evita también cualquier conexión con procesos de radicalización o con fallos en la prevención.

Lo sucedido en Vallecas es grave por los hechos, pero también por la reacción mediática que ha seguido al ataque. Los datos del atestado son incompatibles con el relato que una parte de la prensa intenta imponer. Y sin información completa, el debate democrático se sustituye por una versión edulcorada de la realidad que, lejos de contribuir a la convivencia, solo alimenta la desconfianza ciudadana.

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