Un hombre con gafas y traje oscuro está sentado frente a banderas con franjas rojas y amarillas.
POLÍTICA

Josep Rull, el censor

El Presidente del Parlament ha aumentado su beligerancia contra Vox y Aliança Catalana

Llamar “nazi”, “fascista” y “ultra” a Sílvia Orriols sí, pero llamar “ultrafeminista” a Tània Verge no. Jalear la violencia contra la policía sí, pero llamar “mafia” a Open Arms no. Amenazar a diputados de Vox, pero criticar el velo islámico de una diputada no.

Es el doble rasero aplicado por el presidente del Parlament, Josep Rull, a instancias de los partidos que ejercen el poder en Cataluña. Esta semana hemos asistido a un aumento de la beligerancia de Josep Rull contra Vox y Aliança Catalana. Dos partidos con legitimidad parlamentaria que representan a 366.856 catalanes.

Mujer de cabello oscuro y liso hablando en un atril de madera con dos micrófonos, vestida con chaqueta gris y camiseta negra con estampado de flores rojas y hojas verdes, fondo de madera tallada

El episodio más sonado ha sido el de Josep Rull cortando el micro a Sílvia Orriols por llamar “ultrafeminista” a Tània Verge. Orriols le acusó de “falta de neutralidad”, porque no censuró a David Cid (Comuns) y Agustí Colomines (Junts) cuando le llamaron “nazi” y “fascista”. Tampoco ha llamado la atención en las numerosas ocasiones en que se ha llamado “ultras”, “ultraderechistas” y “extrema derecha” a diputados de Vox y AC.

Presiones de los partidos del establishment

De esta forma, el presidente del Parlament, que tiene el deber de la neutralidad, actúa no como árbitro sino como censor. Es decir, elige qué se puede decir y qué no en función de directrices ideológicas. Lo cual supone una amenaza para el principio de representación parlamentaria.

El caso de Rull es aún más llamativo, porque los procesistas se pasaron años diciendo que en el Parlament hay que poder hablar de todo. De hecho, el abuso de sus prerrogativas como presidente de la cámara es la herencia del Procés. Durante aquellos años, muchos diputados ya advirtieron de que aquella degradación institucional tendría consecuencias a largo plazo.

Lo que se ha observado esta semana es un cambio de estrategia de Josep Rull, que ya empezó a mostrar en el debate de política general hace dos semanas. Ante la presión de partidos como ERC, Comuns y CUP, ha adoptado un papel más intervencionista contra Vox y Aliança Catalana. El cordón sanitario no está funcionando, y Rull ejerce ahora como brazo armado de su estrategia.

Josep Rull ejerce como brazo armado del cordón sanitario

En las tres sesiones de esta semana (martes, miércoles y jueves), Rull ha cortado la palabra al menos en cuatro ocasiones. Dos a Sílvia Orriols, una a Júlia Calvet y otra María Fuster. En el caso de Orriols, no le permitió ni defenderse de las acusaciones lanzadas por Tània Verge.

Mujer joven con chaqueta blanca hablando frente a dos micrófonos en un recinto de madera

El cambio de estrategia de Rull responde a los nervios desatados estas últimas semanas en las sedes de los principales partidos. Hace unos meses, decidió intervenir menos a la vista de que el cordón sanitario estaba disparando aún más a Vox y Aliança. Pero los últimos sondeos y las presiones de los partidos han llevado a Rull a volver a una posición más beligerante.

Hay que recordar que el presidente fue advertido por los letrados de la cámara por intentar limitar la libertad de expresión. Vox también advirtió a Josep Rull de ir a los tribunales por el cordón sanitario en el Parlament. Mientras, los partidos del establishment intentan blindarse promoviendo una reforma urgente del Parlament "contra los discursos de odio".

Esto significaría modificar el reglamento para limitar la libertad de expresión y el derecho a la representación parlamentaria. Algo que no podría entenderse sin la lógica que ha operado en Cataluña durante los años del Procés. Es decir, la degradación de las leyes y las instituciones para imponer ideas y proyectos políticos al margen de los procedimientos democráticos.

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