Alumnos se incorporan a su primer día de colegio para el inicio del nuevo curso escolar 2023/24. A 11 de septiembre de 2023 en Málaga
POLÍTICA

Institutos de Figueras reconocen estar 'desbordados' por la llegada 'masiva' de inmigración

Como es habitual, la factura la pagan los trabajadores y los ciudadanos corrientes

Los institutos de Figueras atraviesan un inicio de curso marcado por la saturación. La llegada masiva de alumnos de origen extranjero ha puesto al límite la capacidad de los centros educativos. La situación, según los propios docentes y orientadores, es “inviable” sin un refuerzo urgente de recursos humanos y materiales.

El diario Empordà ha recogido los testimonios de varios profesionales del ámbito educativo que confirman el colapso. “Vienen alumnos de forma intensa y masiva, y nos encontramos con una diversidad cultural muy grande. Estamos completamente desbordados”, explica Sandra Pérez, jefa del Departamento de Orientación del instituto Ramon Muntaner de Figueras.

Un aula de escuela con una mochila azul colgada en una silla en primer plano y un grupo de niños y adultos al fondo.

Pérez señala que el sistema de escolarización inmediata no permite un proceso de acogida adecuado. “Los niños deben incorporarse de manera automática, sin margen para que el centro se organice ni para ofrecerles una integración real”. Su compañera, Agar Vilà, integradora social del mismo centro, coincide. “Faltan manos. Sin integradores ni educadores sociales suficientes, la gestión de conflictos y la atención personalizada son imposibles”.

Aumento de la matrícula viva y falta de recursos

El problema no es nuevo. La matrícula viva, el procedimiento que regula la escolarización de alumnos que llegan a mitad de curso, ha crecido de forma sostenida en toda Cataluña. Según datos de Educació, el pasado curso se incorporaron más de 75.000 alumnos fuera del periodo ordinario de preinscripción, una media de 450 nuevos estudiantes por día lectivo.

En muchos casos, estos alumnos son menores inmigrantes recién llegados que desconocen tanto el catalán como el castellano. Los centros, especialmente en municipios de alta presión demográfica como Figueras, no disponen de los recursos necesarios para garantizar una integración efectiva.

Los profesionales educativos alertan de que, además de las carencias académicas, existen importantes necesidades emocionales y sociales. “Muchos alumnos llegan con una ‘mochila social’ muy pesada, marcada por situaciones de vulnerabilidad o desarraigo”, explica Pérez. Aun así, las plantillas de apoyo (orientadores, integradores o mediadores culturales) se han reducido en los últimos años.

Tutoria entre una profesora y una alumna

Una situación que se arrastra desde hace tiempo

La problemática no es nueva y, como ha ocurrido con la inmigración en general, ha sido minimizada durante años por sectores políticos y mediáticos. De hecho, esto llegó hasta el punto de un intento bastante burdo de manipulación mediática. Según decían en mayor ciertas voces políticas, el 75% de las nuevas incorporaciones al sistema educativo catalán eran simplemente cambios de centro dentro del mismo municipio.

Pero, como desveló, E-Notícies eso era falso. La prueba era tan simple como que el propio Departamento de Educación comunicó a este medio que no disponía de los datos. Es decir, que literalmente nadie podía afirmar cuántos cambios dentro del mismo municipio se producían.

La educación, al límite en el Alt Empordà

Los institutos de Figueras son el último reflejo de esta tensión. Aulas saturadas, diversidad cultural creciente y plantillas exhaustas. Los docentes reclaman más recursos y una estrategia clara para atender la realidad multicultural de la ciudad. “Necesitamos refuerzos estables, no parches”, resumen desde el IES Ramon Muntaner.

La demanda no se limita a los centros: asociaciones de familias y colectivos locales también piden una respuesta institucional. Denuncian que la integración educativa no puede recaer únicamente sobre los equipos docentes y que la falta de medios “pone en riesgo tanto la calidad educativa como la convivencia”. Pero, como es habitual, la factura la pagan los trabajadores, del sector educativo en este caso, y los ciudadanos corrientes.

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