Mujer de cabello corto y canoso sonríe mientras usa auriculares y una bufanda blanca con negro, con el mar de fondo en un día soleado
POLÍTICA

El Gobierno ha pagado el avión de vuelta a España a los activistas de la flotilla

Exteriores reconoce haber puesto todos sus medios para el retorno exprés de los tripulantes

Este domingo han llegado al aeropuerto de Madrid los primeros activistas españoles de la flotilla Global Sumud, entre los cuales Ada Colau. Aunque la misión de la flotilla era supuestamente llevar ayuda humanitaria, se ha demostrado que lo que querían era llamar la atención. Su dosis de victimismo y afán de protagonismo revela que esto no iba de apoyar a Palestina, sino de una calculada operación de propaganda.

Lo han hecho, además, con la inestimable ayuda del Gobierno y a costa del dinero de los contribuyentes. El Ministerio de Asuntos Exteriores reconoce haber pagado los billetes de avión de los 21 activistas españoles que han sido deportados desde Israel hacia España.

Un hombre con gafas y traje oscuro habla en una conferencia de prensa con un micrófono frente a él y un fondo con un escudo.

Según fuentes gubernamentales a Europa Press, “Exteriores ha negociado y facilitado el traslado de los españoles que voluntariamente lo han solicitado”. El departamento que dirige José Manuel Albares ha “ofrecido plazas en el vuelo de este domingo a Madrid, con billetes adquiridos por el propio Ministerio para agilizar su salida”.

Los activistas de la Global Sumud Flotilla han contado con “todos los recursos consulares y diplomáticos” del Ministerio de Exteriores. Los servicios consulares han trabajado a pleno rendimiento “desde el primer día” en la zona de Israel y su entorno. El cónsul español en Tel Aviv se desplazó a Ashod justo después de la intercepción de la flotilla y el traslado a tierra de los activistas.

El Ministerio asegura además que seguirán trabajando para prestar apoyo a los activistas “hasta que el último español abandone Israel”. Lo cual demuestra que el activismo ya no es lo que era, y que los supuestos héores que iban a desafiar a Israel actuaban con red de protección.

El Gobierno compra el relato de la flotilla

La flotilla ha servido como plataforma promocional de sus activistas, pero también como arma propagandística para Pedro Sánchez. Con el Gobierno tambaleándose, Palestina ha servido para desviar la atención y movilizar las pasiones más primarias de la izquierda. 

El Gobierno no ha querido desaprovechar el escaparte mediático del regreso de los primeros activistas españoles. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha acusado a Israel de “secuestrar” y “retener ilegalmente” a los tripulantes de la flotilla. Ella fue una de las representantes del Gobierno que acudió al aeropuerto de Madrid-Barajas para recibir a los activistas y “decirles que no están solos”.

La ministra utilizó una retórica calcada a la de los activistas de la flotilla y ha comprado su mismo relato. El Gobierno de Pedro Sánchez sigue encabezando la ofensiva diplomática internacional contra Israel, debilitada ahora por el plan de paz propuesto por Donald Trump. Mientras el mundo se alinea poco a poco con una solución de consenso, el Gobierno español sigue empeñado en el maniqueísmo.

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