
Gabriel Rufián, nuevo personaje del corazón español
El portavoz de ERC tiene una enorme influencia mediática que ya supera a ERC
Más que político, Gabriel Rufián es famoso, y ahí reside su poder. El portavoz republicano ha sabido jugar con la maquinaria mediática para convertirse en un activo político que se representa a sí mismo. En este sentido, ERC es solo una plataforma que le pone el escaño.
A partir de aquí, Rufián ha adquirido vida propia hasta el punto de convertirse en una figura puramente mediática del conjunto de España. Esto representa tanto una ventaja como un problema para ERC. La ventaja es que sitúa a ERC en el foco, la desventaja es que ya no lo pueden controlar. Una de las pruebas más obvias es que Rufián tiene suficiente poder e influencia como para ensayar nuevos proyectos políticos, como puede ser una confluencia de izquierdas soberanistas en toda España.

El último ejemplo de esta profunda influencia mediática de Rufián lo encontramos con el episodio de Ester Expósito y su posterior participación en el programa de TVE, La Revuelta. En su entrevista con David Broncano, el político catalán respondió entre risas a las preguntas sobre su relación con la actriz. Negó cualquier vínculo más allá de una coincidencia casual en una boda, pero lo realmente significativo no fue su respuesta, sino el escenario.
Rufián, con un discurso distendido y humorístico, asumió con naturalidad su condición de personaje público más allá de la política. Esta es una posición que ningún otro dirigente independentista ha sabido ocupar con tanta soltura. Rufián, en definitiva, forma parte del ecosistema del entretenimiento español.
De portavoz independentista a figura mediática
Lo que diferencia a Rufián del resto de portavoces del Congreso es que su poder ya no procede del partido, sino de su presencia mediática. ERC le proporciona un escaño, pero Rufián se representa a sí mismo. Con el tiempo, ha construido un personaje híbrido: político de izquierdas, tertuliano de entretenimiento y rostro reconocible de la cultura popular.
Ese perfil mediático le ha convertido en una figura con vida propia dentro del independentismo. Y, al mismo tiempo, en un problema para ERC. Cada aparición de Rufián genera más repercusión que las iniciativas del partido. Su éxito personal refleja un dilema clásico de los movimientos políticos con fuerte presencia mediática: la figura supera a la organización.
De la bancada al plató
El episodio de Ester Expósito simboliza esa transformación. No se trata del contenido del vídeo —un baile inocente en una boda madrileña—, sino del tratamiento mediático posterior. Que un político independentista catalán se convierta en tema de conversación en los programas del corazón demuestra hasta qué punto Rufián ha roto el molde. Su discurso político convive ahora con el lenguaje de la farándula, y su influencia trasciende el ámbito partidista.
Durante su entrevista en La Revuelta, Rufián utilizó el humor como herramienta para desactivar la polémica: “No es de buen grado, pero peor es robar”, dijo entre risas. Una frase calculada, que refuerza su imagen de político sin solemnidad. Ahora, para cualquiera que conozca la política, esta naturalidad es evidentemente un producto de la estrategia.
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