
Un exdiputado de Junts saca los colores a Carles Puigdemont tras su último tuit sobre Pedro Sánchez
Puigdemont tiene de plazo hasta las elecciones municipales y autonómicas para que el partido no se rebele contra él
Carles Puigdemont vuelve a ser protagonista en redes. El expresidente publicaba ayer un mensaje en el que comparaba la dimisión del primer ministro francés con la falta de presupuestos en España, Cataluña y Barcelona. Sin embargo, lo que parecía una crítica más al Gobierno de Pedro Sánchez se ha convertido en un motivo de tensión dentro del propio espacio posconvergente.
El exdiputado de Junts Hèctor López Bofill respondió con dureza a Puigdemont, asegurando que “no se ha cumplido ninguna de las condiciones” que permitieron la investidura de Sánchez. En su mensaje, el jurista propuso que el partido retire todo su apoyo al presidente del Gobierno y convoque elecciones. La réplica, inesperada por su procedencia, ha puesto en evidencia el malestar interno en Junts ante una estrategia que cada vez resulta más difícil de sostener.
Un aviso desde dentro del propio espacio
Las palabras de López Bofill no solo desautorizan a Puigdemont, sino que van más allá y confirman lo que muchos dirigentes callan por disciplina interna. Es decir, que la relación con el PSOE no está dando los frutos prometidos. Las cesiones anunciadas desde Moncloa no se han materializado, y el partido empieza a pagar el coste político de la indefinición.

Las encuestas más recientes confirman esta tendencia. Según el famoso sondeo de La Vanguardia, Junts se encuentra a tan solo dos escaños de ser superado por Aliança Catalana. Puigdemont ha intentado reaccionar con gestos y propuestas de perfil propio, pero la sensación entre sus bases es de agotamiento y, sobre todo, de llegar tarde.
El desgaste de una estrategia sin resultados
El debate de política general en el Parlament ha sido la ocasión elegida por Junts para intentar marcar terreno frente a la derecha emergente de Orriols. Entre sus propuestas figura endurecer el acceso a la vivienda social, una medida destinada a reconectar con el electorado más conservador y distanciarse de la izquierda.
Sin embargo, ni los giros discursivos ni las maniobras parlamentarias parecen suficientes para frenar el desgaste. La crítica de López Bofill simboliza algo más que un desacuerdo puntual: es la señal de que el silencio dentro de Junts empieza a resquebrajarse. No olvidemos la reciente dimisión de Jaume Giró, la voz más pragmática que tenía el partido.

Detrás de todo esto asoma una realidad que Puigdemont no puede ignorar. El pacto con Sánchez no ha funcionado y, en algún momento, el partido presionará desde dentro. Tiene exactamente hasta las elecciones municipales y autonómicas para disfrutar del liderazgo; a partir de entonces, el previsible colapso de la formación hará el resto.
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