
Eulàlia Reguant (CUP) dice que la degradación del barrio de Sant Antoni es un problema 'de relato'
La izquierda woke ha decidido alejarse de la realidad diaria del ciudadano y hacerlo a la máxima velocidad posible
La exdiputada de la CUP Eulàlia Reguant ha publicado en Nació columna de opinión. En ella sostiene que la degradación de Sant Antoni es fundamentalmente un problema de “relato” construido por la derecha y la extrema derecha. Según su tesis, los problemas que denuncian los vecinos no reflejan un colapso del barrio, sino una interpretación interesada de sus dinámicas.
El planteamiento se aleja de la sensación generalizada entre comerciantes y residentes, que llevan meses describiendo un deterioro muy concreto. Es decir, más inseguridad, más incivismo y un uso del espacio público cada vez más tenso. Reguant reconoce que hay “malestares reales”, pero los atribuye a cuestiones como la presión turística, el aumento de los alquileres o la mercantilización del espacio público.
La exdiputada sostiene que el problema no es la inseguridad, sino la “criminalización de vulnerabilidades”. El discurso, en fin, encaja con la línea habitual de la CUP, que tiende a minimizar los problemas de convivencia a través de una retórica compleja. Porque si algo parece claro es que dar cuenta de la multirreincidencia a través de la "mercantilización del espacio público" es algo difícil de hacer.

La respuesta vecinal y el contexto de conflicto en Sant Antoni
Las reflexiones de Reguant llegan en un momento especialmente sensible. En los últimos meses, vecinos y comerciantes han impulsado nuevas plataformas para denunciar la situación del barrio. La más conocida, El Cor de Sant Antoni, nació con el objetivo de recuperar el espacio público y mejorar la convivencia. La iniciativa ha recibido ataques desde colectivos afines a CUP y Comuns, que han llegado a tachar de “fascistas” a los vecinos que reclaman más seguridad.
Este clima demuestra que existe una fractura evidente entre parte de la izquierda alternativa y la percepción social del barrio. Mientras los residentes relatan problemas concretos, una parte de la militancia antisistema responde con su retórica habitual. La columna de Reguant se inscribe en esta misma lógica: negar el deterioro y trasladar la responsabilidad al “relato” construido por otros.

Una polémica que vuelve a situar a Reguant en el centro del debate
La intervención de Reguant se produce, además, en un momento en que su figura ha vuelto a generar debate público. En los últimos meses han aparecido informaciones sobre el amplio patrimonio inmobiliario de su familia, valorado en millones de euros. Aunque en apariencia secundaria, esta cuestión es clave.
Como es sabido, gran parte de la CUP y partidos similares se nutren de clases medias y clases altas. La prueba está en que la CUP tiene una penetración mínima entre obreros y sectores populares; Vox, por ejemplo, les arrasa en ese ámbito. El efecto más destacado de esto - y que se transparente en artículos como el de Reguant - es el alejamiento de la realidad.
En lugar de admitir la simplicidad de que todo esto es un problema de saturación demográfica, la izquierda se apunta a las teorías más complejas. Al margen de que el ciudadano común no tolera que le roben y que después le digan que no "criminalice vulnerabilidades". En cualquier caso, el resultado es obvio: la CUP vive una degradación electoral estructural.
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