Cartel pegado en una pared de mármol que reclama que los vecinos de la Plaça Escorça no pueden descansar por las noches y afirma que no es normal, pidiendo presencia policial, sanciones y respuesta efectiva.
POLÍTICA

ERC pide más policía y más mano dura en L'Hospitalet

Asistimos a uno de los cambios de discurso más interesados de la política catalana de los últimos años

ERC continúa profundizando en su giro discursivo sobre seguridad. Lo que hace apenas un año era considerado “punitivismo”, “criminalización” y “extrema derecha”, hoy forma parte del argumentario cotidiano de la formación republicana. El último ejemplo ha aparecido en L'Hospitalet, donde la sección local del partido ha difundido un cartel que resume este cambio sin matices: “Presencia policial continuada + sanciones + respuesta efectiva”.

El mensaje acompañaba una denuncia sobre los problemas de convivencia en la plaza Escorca. “Que los vecinos de la Plaza Escorca no puedan descansar por las noches NO ES NORMAL”. La publicación se ha viralizado no tanto por el contenido, sino por la paradoja: ERC reclama ahora exactamente lo mismo que criticaba:

El cambio no es solo municipal. En el último pleno de L'Hospitalet, el grupo republicano exigió modificar la gestión de seguridad y llegó incluso a pedir la dimisión del responsable político del área. Un planteamiento que habría sido impensable en la ERC de hace dos o tres años.

Coche de policía

Un giro que viene de arriba

Lo que ocurre en L'Hospitalet no es un caso aislado. Es el reflejo de un cambio acelerado que recorre toda ERC. La dirección del partido, consciente del desgaste electoral y del avance de opciones como Vox y Aliança Catalana en zonas metropolitanas, ha asumido que su discurso de los últimos años ya no conecta con buena parte de su electorado.

Oriol Junqueras abrió la puerta al nuevo rumbo al cuestionar el “crecimiento demográfico descontrolado” y señalar que Cataluña “no necesita diez millones de habitantes”. Fue el primer aviso de que la formación comenzaba a moverse hacia posiciones más restrictivas. 

Pero hace apenas un año ERC votó en contra de endurecer el Código Penal, alegando que las soluciones “punitivas” eran “paternalistas y primarias”. Hoy, sus propios dirigentes reclaman medidas que entonces calificaban de “fascistas”.

El caso de Gabriel Rufián resume la magnitud del cambio. En febrero decía: “Queremos más menas para Cataluña y menos racistas subvencionados”. Este mismo mes, en el Congreso, aseguró que la inmigración “es un reto para la seguridad de los barrios” y que la izquierda tiene la obligación de hablar de ello “aunque incomode”. Es el mismo dirigente, en cuestión de meses, pasando de negar el problema a vincularlo de forma directa con la inseguridad:

El pánico por las encuestas

El motivo del viraje es evidente y lo reconocen incluso dirigentes del partido: el pánico electoral. La encuesta de La Vanguardia que situaba a Aliança Catalana como primera fuerza en Girona y Lérida fue un punto de inflexión. Desde entonces, ERC ha acelerado el cambio de rumbo para no quedar descolgada en un debate que lleva años evitando.

El problema para los republicanos es su credibilidad. Durante años lideraron el discurso más abierto en materia migratoria y negaron cualquier relación entre inseguridad e inmigración. También fueron responsables directos de las políticas de Interior en los años en que la delincuencia repuntó con más fuerza en Cataluña.

Hoy intentan presentarse como un partido preocupado por la seguridad, pero muchos ciudadanos  recuerdan que fueron ellos quienes tildaban de “extrema derecha” a cualquiera que mencionara estos problemas.

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