Dos hombres con traje en primer plano dentro de un parlamento con banderas de España y Cataluña al fondo
POLÍTICA

ERC y Junts se preparan para la guerra total

La cumbre Junqueras-Sánchez y el retorno de Puigdemont aumentan la competencia por el liderazgo del independentismo

Tres años después de la salida de Junts del Govern de Pere Aragonès, las relaciones entre juntaires y republicanos se encuentran en su peor momento. El próximo 16 de enero se cumplirá un año de la visita de Oriol Junqueras a Waterloo, donde él y Puigdemont abrieron la puerta a la reconstrucción de la unidad independentista. Desde entonces, la escalada de tensión ha derivado en una situación de enfrentamiento que ahora mismo parece irreconducible.

Tres hombres vestidos de traje se saludan y conversan en un ambiente formal.

El principal foco de tensión es Madrid, donde ambos partidos compiten por el protagonismo en el Gobierno de Pedro Sánchez. El junquerismo reivindica el éxito del giro pragmático de ERC que, supuestamente, ha traído desde 2019 avances importantes para el autogobierno catalán. La financiación singular es, según su relato, la culminación de esta estrategia que tendrá que finalizar en un horizonte impreciso con el referéndum de autodeterminación.

Si ERC se encuentra cómoda con el papel de socio estratégico en el bloque progresista, Junts en cambio acentúa la condición accidental de su apoyo al PSOE. Esto le permite marcar una posición más intransigente, que supuestamente beneficia más a los intereses de los catalanes. La amnistía y las competencias en inmigración serían un ejemplo de ello, aunque la guinda del pastel es la resolución del conflicto catalán -que en el diccionario de Puigdemont se traduce como referéndum de autodeterminación. 

ERC y Junts, situación irreconducible

ERC y Junts quieren llegar al mismo sitio pero por caminos diferentes. Es en el curso de este camino donde se encuentra la lucha de ambos partidos por liderar el movimiento independentista tras el descarrilamiento del Procés. Y a diferencia de 2016, cuando cuajó una coalición con Puigdemont de presidente y Junqueras de vicepresidente, ahora solo puede quedar uno.

Las relaciones ERC-Junts, que desde la ruptura del Govern en 2022 nunca han vuelto a ser las mismas, han empeorado en los últimos meses. En buena medida por el recelo de ERC al acercamiento del PSOE a Junts, que llevó al enfrentamiento abierto entre Gabriel Rufián y Miriam Nogueras, y su posterior ruptura. Desde entonces, la comunicación entre las direcciones de ambos partidos es inexistente.

El triunfo de Junqueras sobre los roviristas en el congreso de ERC en diciembre de 2024 también jugó un papel importante. Marta Rovira jugaba el papel de puente con el sector de Junts propicio al entendimiento con ERC, representado por Jordi Turull. La derrota de Rovira, y la victoria de Junqueras y su proyecto de alejarse de Junts para acercarse a las izquierda no independentistas, cortó cualquier posibilidad de entendimiento.

Escalada de tensión

Nuevos elementos contribuyen ahora a aumentar la escalada de tensión entre ambos partidos. La ruptura de Puigdemont con el Gobierno de Pedro Sánchez recrudeció los ataques de ERC, sobre todo del sector rufianista, hacia Junts. Junqueras ha intentado retomar la iniciativa con una reunión con Sánchez que se celebrará este jueves por todo lo alto en Moncloa. Esto ha generado nuevos recelos en Junts, que teme perder nuevamente su posición de fuerza como socio díscolo pero necesario del Gobierno socialista.

De hecho, los republicanos temen que Junts utilice la excusa de la ruptura para boicotear las votaciones de la financiación singular en el Congreso. Junqueras se ha atribuido el éxito del nuevo sistema de financiación y ha apelado a Junts a asegurar su éxito para el beneficio de Cataluña. Lo cual significa apelar nuevamente a la unidad independentista, siempre que esta implique una sumisión -en esta caso de Puigdemont a Junqueras.

Otro elemento de discordia es el regreso de Puigdemont, que podría producirse esta primaversa si la justicia europea la aprueba en las próximas semanas como está previsto. El retorno de Puigdemont es al mismo tiempo la gran esperanza de Junts y el gran temor de Esquerra. La cumbre Junqueras-Sánchez va también de eso, de la necesidad de Junqueras de marcar liderazgo ante el temido regreso de Puigdemont.

Dos hombres de mediana edad posan sonrientes frente a un edificio uno con traje gris claro y el otro con traje azul oscuro y corbata

En este contexto, la visita de Arnaldo Otegi a Puigdemont en Waterloo, y su propuesta de una alianza estable entre Bildu y Junts, tampoco ha gustado nada en Esquerra. El acercamiento Bildu-Junts desmonta el relato que Rufián sostiene desde hace semanas sobre la connivencia de Junts con PP y Vox. Pero también sabotea el proyecto de la unidad de la izquierda impulsado por Rufián.

Todo esto se produce en un ambiente preelectoral con las generales y las municipales a la vuelta de la esquina. Junqueras está intentando acelerar la consolidación de su poder en las territoriales para activar cuanto antes la maquinaria electoral de cara las municipales de 2027. Puigdemont, por su lado, está reactivando también los satélites en el entorno de Junts como el Consell de la República, para ganar eco internacional antes de su ansiado regreso a Cataluña.

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