Carles Puigdemont con chaqueta gris, con la mano en la barbilla, parece pensativo en un evento al aire libre.
POLÍTICA

¿Elecciones generales en 2026? Las 5 razones de Puigdemont para romper con Pedro Sánchez

Máxima expectación ante la decisión que pueda tomar la ejecutiva de Junts el lunes en Perpiñán

Carles Puigdemont ha decidido romper definitivamente con Pedro Sánchez, ahora solo falta saber el cómo y el cuándo. El presidente de Junts ha reunido a la ejecutiva del partido el lunes en Perpiñán, rodeado de un celoso secretismo. La decisión que salga de allí será sometida a votación de la militancia el miércoles.

Mujer hablando en un podio con fondo verde y texto de campaña política.

Nadie sabe a ciencia cierta cuál será la decisión de la cúpula, pero medios afines y fuentes internas de Junts dan por hecha la ruptura. De hecho, Puigdemont no tiene otra salida. Sostener al PSOE hasta el final sería un suicidio, y hay al menos cinco razones que invitan a pensar en un desenlace inminente.

Las 5 razones de Puigdemont

La primera razón es el incumplimiento de los compromisos adoptados en el Acuerdo de Bruselas, en noviembre de 2023. El naufragio de la oficialidad del catalán en Europa ha sido la gota que ha colmado el vaso. A ello hay que añadir el fracaso de la amnistía y del traspaso integral de las competencias de inmigración.

Esta es la razón principal, pero no suficiente. Lo que realmente ha empujado a Waterloo a romper con Moncloa son las catastróficas encuestas electorales. Los sondeos indican que cada día que pasa con Junts sosteniendo al PSOE es un puñado de votos más que pasan de Puigdemont a Sílvia Orriols. 

De hecho, hay quien ya está apuntando el éxito de la caída del Gobierno español a la alcaldesa de un pueblo de diez mil habitantes. Puigdemont ha hecho cálculos y cree que ir a las urnas en este momento sería el mal menor. 

Entre los potenciales beneficios está el desgaste que podría suponer para ERC, y este es la tercera razón. Si Junts hace caer al Gobierno y hay elecciones podría rentabilizar el efecto de la ruptura con Pedro Sánchez. Pero también retrataría a Junqueras como el socio más fiable del PSOE, y además reabriría el debate en torno a la candidatura de Gabriel Rufián.

Tres hombres vestidos de traje se saludan y conversan en un ambiente formal.

Pero no solo se trata de cálculos electorales, sino también de resolver la insostenible situación que hay ahora mismo en Junts. El partido está dividido en dos. Por un lado está el grupo del Congreso y los alcaldes, que reman hacia la derecha, y por otro Waterloo y el grupo en el Parlament, que siguen cayendo en la tentación woke.

Las presiones internas, sobre todo de los alcaldes, han acabado precipitando la decisión del lunes. La alianza con el PSOE hipoteca la oposición en Cataluña. Y en un contexto de creciente polarización, sitúa al partido en una centralidad que da terreno a Aliança Catalana.

La quinta razón es la necesidad de Carles Puigdemont de reforzar su liderazgo en un momento de zozobra interna. En Junts crecen las voces críticas con la deriva del partido y que piensan que ha llegado el momento de un relevo en la presidencia. Puigdemont necesita dar un puñetazo encima de la mesa para recuperar la iniciativa, y romper con Pedro Sánchez sería el golpe de efecto ideal.

Cómo y cuándo, la cuestión por definir

Puigdemont ha decidido romper su alianza con el PSOE, pero ahora falta saber cómo y cuándo. Y ahí está la gran duda, porque podría ser otra trampa de Waterloo al puro estilo procesista. 

La vía directa sería la moción de censura, que Junts podría pactar con el PP y venderla como puramente instrumental para convocar elecciones. El obstáculo sigue siendo Vox, ya que Junts tendría que votar con el partido de Abascal y esto daría munición a ERC. Además, el PP de Alberto Núñez Feijóo ha estado boicoteando la oficialidad del catalán en Europa y el entendimiento se hace muy difícil.

La alternativa, que parece más plausible, es la de tumbar los presupuestos de Sánchez y votar en contra de todas las leyes que se debatan en el Congreso. Una forma de romper sin romper, ya que dejaría al Gobierno muy debilitado pero no muerto. 

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