Hombre con gafas de pasta oscuras sentado en un banco rojo, mirando pensativo hacia la cámara y apoyando la mano en su rostro
POLÍTICA

'Discursos de odio', el concepto explotado por los partidos woke catalanes que ahora se les gira en contra

Los partidos del cordón sanitario amparan discursos que también pueden generar odio

El gobierno municipal del PSC en Ripollet ha patrocinado una exposición navideña donde se llama “animales peligrosos” a Santiago Abascal y Sílvia Orriols, y se incita a su “extinción”. En X han llovido los comentarios en una misma dirección: ¿Estos son los que iban a luchar contra los discursos de odio? Esto ejemplifica la contradicción en la que están cayendo el establishment y la izquierda woke en Cataluña para mantener el control sobre un relato público que han perdido.

El PSC encabeza junto a Junts, ERC, Comuns y CUP la ofensiva para censurar y sancionar en base a los llamados discursos de odio. Se trata de un perverso mecanismo que permite incluir dentro de los discursos de odio a todo aquello que rebasa el marco del discurso oficial. Es decir, una sutil forma de perseguir la disidencia.

Cinco personas posan de pie en una alfombra roja dentro de un edificio con columnas decorativas.

Institucionalmente, la ofensiva contra los discursos de odio está dirigida por el Govern de Salvador Illa y el Parlament presidido por Josep Rull. Govern y Parlament han puesto en marcha nuevos mecanismos y reformas del reglamento para utilizar este instrumento a su favor.

Así, decir que el islam es incompatible con los valores occidentales, que el hiyab es un elemento de opresión de la mujer, o que el auge de la delincuencia está vinculado con el descontrol migratorio son susceptible de ser discursos de odio. Y por lo tanto, pueden ser objeto de censura o de sanción. En cambio, jalear el apedreamiento de policía como hizo una diputada de la CUP en sede parlamentaria, o llamar nazi y fascista a una diputada del Parlament están amparados por la libertad de expresión.

El doble rasero de los discursos de odio

Por lo tanto, la trampa está en que el mecanismo de los discursos de odio no es ni estétil ni neutral, sino que depende de quién establece las verdades absolutas. Lo cual, en este caso, coincide con quiene llevan años marcan cuál debe ser el relato oficial en Cataluña.

La otra contradicción es que quienes se llenan la boca de los discursos de odio acaban amparando relatos que también fomentan el odio. A veces, con consecuencias trágicas. Lo hemos visto este fin de semana, con el atentado mortal de Sidney que ha demostrado el peligro de la connivencia de muchos gobiernos occidentales -entre ellos España- con un antisemitismo creciente.

Es así como el concepto se les ha girado en contra: si denunciar el islamismo radical es discurso de odio contra todos los musulmanes, entonces cualquier ataque al sionismo puede ser entendido como un discurso de odio contra los judíos. Los últimos datos del Ministerio del Interior dicen que mientras la islamofobia baja en España, el antisemitismo es el delito de odio que más se dispara.

Campaña del poder y su prensa afín

Llegamos aquí a la incómoda pregunta de quién ejerce y lleva ejerciendo desde hace años la violencia política y la censura en Cataluña. El incremento de la violencia política en los dos últimos dos años ha tenido un mismo denominador común: la izquierda radical contra la nueva derecha. Por lo tanto cabe preguntarse quién ejerce los discursos de odio y con qué consecuencias. 

Esta violencia ha sido amparada por un proceso de demonización y estigmatización orquestado desde el poder y ejecutado por medios de comunicación públicos y prensa subvencionada. Medios como TV3, Ara, El Nacional, Nació Digital, El Periódico y La Vanguardia han explotado los calificativos "ultra", "extrema derecha", "racista" o "xenófobos" para referirse a esos partidos y sus líderes.

Todo esto obliga a repensar el concepto de discursos de odio y los mecanismos del poder para controlar un relato que ya no pueden dominar. Por eso la realidad les está pasando por encima. La mejor muestra es que el cordón sanitario está disparando el voto de sus víctimas.

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