
La deserción de un peso pesado reabre la herida en ERC: más de 1.500 militantes menos
2019 marcó el inicio del declive de un partido que parece haber tocado fondo
En una semana ERC ha cambiado de logo ocultando sus siglas y su portavoz en Sabadell, Gabriel Fernández, ha anunciado que se da de baja. Son dos síntomas de la situación límite en la que se encuentra el partido. Esquerra parece haber tocado fondo bajo la dirección de Oriol Junqueras, pero cada nueva decisión parece orientada a llevar el partido a su desaparición.

La deserción de Gabriel Fernández por su desacuerdo con la deriva del partido no es una excepción, sino que responde a una tónica más general. Evidencia la fractura que la nueva dirección, encabezada por Oriol Junqueras y Elisenda Alamany, intenta disimular con una falsa unidad.
Las últimas cifras oficiales indican que desde 2019 hasta 2024 ERC ha perdido 1.500 militantes, a los que hay que sumar las bajas de este último año. Esto supone una pérdida de más del 15% de sus bases. La pérdida de masa social contradice la estrategia de la dirección, que aparcó el independentismo para ensanchar la base del partido.
Pero además de la avalancha de bajas, ERC afronta graves problemas financieros derivados de las pérdidas por los malos resultados electorales. Esto, sumado a las malas expectativas como señalan las encuestas, lleva el partido a una situación desesperada.
Un partido fracturado
Pese a la falsa unidad que ha vendido la dirección, la baja de Fernández evidencia que sigue habiendo sectores enfrentados. Junqueras consiguió reconducir las diferencias con el sector oficialista que aglutinaba a los roviristas. También ha intentado tender puentes con los sectores críticos, que sin embargo han abierto una brecha entre la dirección y las bases.
Oriol Junqueras ha hecho gestos hacia los críticos como endurecer su posición con el PSC o prometer un referéndum sobre el apoyo de ERC al Govern de Salvador Illa. Esto ha servido para apaciguar a los dirigentes de esos sectores. Pero no para clamar los ánimos de buena parte de sus bases que plantean un desafío constante a la deriva del partido.
La desafección dentro de ERC empezó con el giro estratégico iniciado por Oriol Junqueras en 2019. Pero se ha intensificado a raíz del acuerdo de investidura con el PSC, en 2024.
El acuerdo ha permitido a ERC mantener un buen puñado de altos cargos y seguir ligado al poder pese a haber perdido el gobierno. Pero al mismo tiempo ha profundizado la fractura del partido, que ahora se evidencia con las bajas de importantes dirigentes.
Desconcierto por el giro pragmático
A las críticas por el abandono del independentismo se suma también la desorientación ideológica por el último giro pragmático de Junqueras. Ante el oscuro panorama que auguran las encuestas, ha pasado del buenismo a pedir más contundencia contra la okupación y la multirreincidencia. Esto ha desconcertado a los sectores más woke del partido.

Entre ellos Rubén Wagensberg, que esta misma semana ha anunciado que renuncia a su acta de diputado. Wagensberg forma parte de los dirigentes que llegaron a ERC procedentes del activismo en el punto álgido del Procés. Aunque ha dicho que deja su escaño para volver al activismo, hay quienes ven en su marcha un desencanto por parte de esta militancia.
En definitiva, estas bajas son un síntoma de la fractura y la desafección imperante en un proyecto a la deriva. Junqueras intenta revertir un proceso que parece inexorable, pero se encuentra atrapado en la misma trampa que Puigdemont: aquello que les sostiene, la alianza con el PSOE, es lo mismo que les está destruyendo.
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